Tato, un merecido homenaje

EMILIO GÓMEZ
VILLANUEVA DE CÓRDOBA


El Villanueva ha tenido a futbolistas grandes. El Villanueva ha sido, muchos años, Tato, Picón, Carmonilla. Era también el San Miguel, el escenario de las grandes tardes. Parece que fue ayer pero ni Tato ni Picón juegan al fútbol ni Carmonilla radia los partidos ya. Y luego, ese antiguo campo. ¡Cómo se echan de menos esas ausencias! Tato está en el club, entrena a varios equipos y ayuda lo que puede.

Fue un jugador de leyenda que quiso ser futbolista de pueblo rechazando aspirar a algo más grande. Cuentan que el Valladolid vino a por él. También el Córdoba y alguno más. Nunca se quiso ir. Vivía bien en su pueblo y era el rey del San Miguel.

Solucionaba partidos, marcaba en los minutos finales y en los iniciales, capitaneaba el vestuario y ordenaba al equipo en el campo. Era un jugador de unas condiciones técnicas y físicas excepcionales. Irrepetible. Villanueva tardará muchos años en tener un jugador de su talla. Con él, el Villanueva alcanzó sus mayores logros deportivos.

Un día alguien escuchará la historia del Tato para saber quién era. Corrían los años 80, entonces los chavales jugaban en los campos de tierra y en las puertas de las casas. La liga no solo era del Madrid, Barcelona o Atlético de Madrid, sino que eran los años de los equipos vascos, Real Sociedad y Athletic Club de Bilbao. En baloncesto los chavales se sabían de memoria los quintetos del Barcelona de Epi, del Real Madrid de Corbalán o del Joventud de Badalona con Villacampa. Los Lakers y Celtics eran el no va más.



En Villanueva, por esos tiempos, vivía un chaval que era todo un deportista que jugaba en la calle y en el colegio, destacando en el fútbol y en el baloncesto. Jugaba por placer pero no le gustaba comprometerse todos los fines de semana. Por entonces no había escuelas de base, la escuela estaba en la calle regateando entre bordillos y aceras. Basilio Zamora al que conocían como ‘Tato’, no empezó a jugar en ligas federadas a una edad temprana aunque todo el mundo sabía de su valía. Podía jugar en cualquier puesto. Era el preferido del Carmonilla, quien fue a buscarlo más de una vez con su coche porque no llegaba al partido. Poco a poco fue cogiendo la madurez para convertirse en la figura del equipo. El Villanueva se le quedaba pequeño. Todos lo sabían pero disfrutaban de él cada domingo en el San Miguel al que le tenía cogidas las medidas. Hizo allí centenares de goles, miles de jugadas y enamoró a la grada domingo tras domingo.

Carmonilla cantaba “gol, gol, gol de Tato, El Tato, otra vez, El Tato, Virgencita, Virgencita de Luna, gracias, cuida del Tato”. Así partido tras partido. Los grandes momentos de la historia jarota fueron cuando él vistió la camiseta del Villanueva. El ascenso a Tercera, los partidos de la Copa de la Liga, los campeonatos en Tercera, el ascenso a 2ªB. Tato, era el capitán de todos esos momentos hasta que quisieron jubilarlo por error antes de tiempo. Tenía carrete y le duró hasta los 45 años (cuando colgó las botas).

Tato recuerda los días de gloria en el club. No olvida tampoco el fútbol sala donde también era una máquina jugando en aquellos históricos maratones. Jugó en el Geisel, la Oveja Negra y el Paz y Paz de Pozoblanco. ¡Qué duelos contra el Calzados Ruca o contra un equipo que yo conocía bien, el Paz y Paz de los León, Barbero o Leo!


Ahora lleva una vida tranquila. Le gusta jugar al futbolín y al dominó. No lo olvidan en su pueblo que le quiere hacer un homenaje el próximo 3 de junio. Se lo merece porque tardará Villanueva de Córdoba en tener un líder de su categoría. Tato era el futbolista total. Era muy seguro atrás y muy peligroso cuando se acercaba al área contraria. Sabía sacar el balón jugado, hacer regates y mandar pases imposibles. Estaba lleno de ‘dones’ que la gloria divina le había regalado. Un día habrá que explicarle a las generaciones futuras quien fue ‘El Tato’. Se lo podemos resumir diciendo que era un genio del balón.


No hay comentarios :

Publicar un comentario