Pongamos que hablo de vivir (VIII)

JOSÉ ANTONIO CARBONERO FERNÁNDEZ
(Ingeniero Técnico Agrícola)


Somos los primeros productores de aceite de oliva del mundo, pero desafortunadamente siempre hay algo que no hacer ser los últimos, otra vez a perder un partido, sin tocar el balón. Me explico, hace cuestión de un año me encontré esta noticia en el periódico El mundo, y me llamo la atención preocupándome un poco la verdad: “El aceite, mal descrito por la RAE”.

“Líquido graso de color verde amarillento, que se obtiene prensando las aceitunas”, esta es la definición de aceite de oliva que incluye el diccionario de la Real Academia Española (RAE). Una definición “errónea” y que “induce a confusión a los consumidores”, según la Universidad de Jaén (UJA) y el Consejo Económico y Social de la provincia, que han pedido al director de la entidad lingüística un cambio en las denominaciones.

Esta noticia se publico en febrero de 2016, sin embargo en mayo la RAE, contestó de manera tajante que no modificaría en ningún caso las definiciones que incluye en su diccionario sobre el Aceite de Oliva alegando que las descripciones solicitadas son muy “técnicas”. Posteriormente, en junio, El rector de la Universidad de Jaén (UJA), Juan Gómez, y el presidente del Consejo Económico y Social (CES) de la provincia de Jaén, Manuel Parras, pretendieron reunirse con el director de la RAE, Darío Villanueva, para trasladarle la necesidad y la importancia de modificar las definiciones de los aceites de oliva e incorporar la nueva de aceite de oliva virgen extra.

Pues miren ustedes, en nada estoy de acuerdo, a cada cosa se le llama por lo que es, ni menos ni más, no se puede menospreciar en lo más mínimo a un elemento como el AOVE (Aceite de Oliva Virgen Extra), motor de Andalucía que genera millones de Euros, trabajo, riqueza, exportaciones, y un magnífico entramado grandes y medianas Empresas y Cooperativas relacionadas directa e indirectamente con el sector, pero sin olvidar lo más importante, el valor histórico de ese pequeño-gran olivarero que dio su vida entera por una causa más que noble.

Ya no sólo hay que aguantar la confusión generada y permitida por el Estado por cierto, en el consumidor a la hora de comprar su aceite, induciéndole a un engaño manifiesto permitiendo que el aceite de oliva lleve consigo la palabra refinado, que lejos de ser un atributo en el mundo del aceite es un término negativo, que refleja la existencia de una manipulación química. Desgraciadamente muchos de los consumidores no conocen este asunto, señal de ello es que es el aceite más consumido en nuestro país. Les aseguro que en un AOVE, está más que justificado el diferencial de precio existente, tanto en calidad como en el ámbito de la seguridad alimentaria.

Ahora bien, visto del otro lado, también podemos preguntarnos porque la RAE no llama a nuestro magnífico producto por lo que es, ¿Tendremos nosotros algo que ver en el asunto por no estar informados?, ¿Tiene que existir una verdadera concienciación social para surja el cambio?, está claro que para no confundir AOVE con aceite de oliva hay que motivar un verdadero cambio en la sociedad que conozca fehacientemente el tipo de aceite que compra y empleé el término AOVE conociendo a ciencia cierta sus virtudes y propiedades en detrimento de las que posee el aceite de oliva.

Por tanto, llamemos al AOVE lo que es: “Aceite de oliva de categoría superior obtenido directamente de aceitunas y solo mediante procedimientos mecánicos. Sus características organolépticas no muestran ningún defecto. Es el aceite de oliva de más calidad”, y al Aceite de Oliva Virgen por su nombre: “Obtenido directamente de aceitunas y solo mediante procedimientos mecánicos. Sus características organolépticas son de calidad inferior al virgen extra”.

Por favor, no metamos en el mismo saco a los anteriores, que digámoslo de este modo, serían los alumnos aventajados de la clase, con otros alumnos más del montón tirando a mediocres, el Aceite Refinado: “Aceite de oliva obtenido del refinado del aceite de oliva lampante” y el famoso Aceite de Oliva definido como aquel: “Constituido por la mezcla de aceite de oliva refinado y de aceites de oliva vírgenes”.

Quizás otro apunte interesante sería todos llamásemos a la cosas por el mismo nombre, para que así exista un criterio unificado a nivel nacional y europeo, y un consumidor, independientemente de donde sea, pueda conocer fidedignamente los tipos de aceite que hay en el mercado y distinguir, de forma clara y concisa, entre las distintas categorías de aceite.


Como no es lo mismo pisotear que dejar huella, mejor aceptemos que para que este cambio en las definiciones de la RAE surta efecto, debemos de empezar nosotros a movernos y exigir que a cada cosa se le llame por su nombre, y sí al AOVE se le llama oro líquido, pues al refinado llamémosle de aceite de segunda o aceite mezclado, o como mejor queramos, pero que se aprecie claramente que no es lo mismo, vamos que es lo casi lo contrario, a mi juicio, sólo así avanzaremos en una buena dirección. 


1 comentario :

  1. Estoy de acuerdo José Antonio con que somos nosotros los que tenemos que defender nuestro producto y, desde luego, no permitir definiciones incorrectas vengan de donde vengan. Además, a la RAE hay que corregirla cuando no es precisa porque la difusión de sus definiciones, dado el alcance que tienen, multiplica el error por un número infinito y deben aceptar los criterios de los que además de "técnicos" son productores.

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