Las memorias históricas

SEBASTIÁN MURIEL
(Profesor jubilado -de trabajar, no de pensar-)


Si don Antonio Machado reconocía en su famoso “Españolito” la existencia de las dos Españas que musicó Serrat y parafraseó Sabina, no voy a ser yo el que le quite la razón al maestro. Es más – matizando su razonamiento - hace años publiqué unas reflexiones sobre la tercera España – la mejor – y que yo denomino “la España del encuentro”.

El actual mapa autonómico nos podría llevar a considerar la existencia de 17 Españas. Son tantas las diferencias y los matices que existen en esta piel de buey que alguna comarca podría ser considerada como un Estado independiente. Fueron innumerables pueblos, razas y tradiciones los que se mezclaron en esta península limitada por dos mares y una cordillera. En particular el Norte pudo mantener núcleos más puros por ser zonas más protegidas por la Naturaleza. Ahora que las zonas de paso fueron un “tutti fruti” de culturas, razas, religiones y pensamientos. No hay raza pura ni identidad pura y menos en un mundo donde la globalización y la mezcla son las reinas.

Es por todo lo anterior por lo que me llamó fuertemente la atención “La ley de la Memoria Histórica”. Si Machado reconoce dos Españas – concepto con el que muchos españoles están de acuerdo - creo que al menos tendremos que reconocer dos Memorias colectivas. Si la Constitución admite 17 Comunidades Autónomas con diferencias más que sensibles, es razonable plantearse que a lo mejor existen 17 visiones / memorias de España o que necesitamos 17 gafas diferentes para comprender lo que ocurre en este excepcional Estado. Exagerando podemos concluir que es posible que existan tantos millones de visiones de España como millones de españoles. ¡ Sólo Franco admitió una visión de España!

Si en el fútbol español hay 11.666 clubes que suman 52.421 equipos con sus correspondientes aficionados (datos a 30 de junio de 2014), si se reconocen seis u ocho idiomas, si en el año 2015 se contabilizaban en España 4750 partidos políticos……¿Cómo se puede pretender que en España exista UNA Memoria Histórica?. Es absolutamente ridículo y para nada se ajusta a la realidad. Y además no una memoria cualquiera, sino la memoria de una Guerra Civil que sirvió de ensayo para la II Guerra Mundial. Considero y entiendo – y así lo he constatado – que al menos existen miles de memorias: todo depende de lo que la gente vivió, sintió y sufrió. Todo depende de las faenas que unos gastaron a los otros y de las faenas que los otros les gastaron a los unos. Una ley con ese título sólo puede pretender una manipulación de la historia intentando que su visión sea “la verdadera y la única”. ¿Qué tiene que ocurrir para que todos reconozcan que hubo multitud de víctimas inocentes en los dos bandos? ¿Cuánto tiempo tendrá que pasar para que dejemos de arrojarnos los muertos? ¿Para cuándo enterramientos dignos para todos los muertos fallecidos, fusilados o asesinados? ¿Para cuándo una reconciliación de las distintas memorias? ¿Por qué prolongar en la memoria una guerra que terminó hace casi 80 años? ¿Cómo pueden estar más resentidos los nietos que los abuelos, genuinos sufridores de aquella tragedia?

De ningún acontecimiento existe “una memoria, la memoria”. Ciertamente hubo unos sublevados y otros leales al gobierno, pero a partir de ahí los acontecimientos – que fueron únicos – se cuentan o se recuerdan tintados de ideología, de sentimientos, de pareceres y de HECHOS. Me atrevo a asegurar – como lo demuestran cientos de libros de autores españoles y extranjeros – que jamás habrá una memoria. Puede haber una ley, pero nunca una memoria y menos histórica.

Termino con unas reflexiones de Tony Judt[1]: “Yo creo profundamente en la diferencia entre la historia y la memoria; permitir que la memoria sustituya a la historia es peligroso. Mientras que la historia adopta necesariamente la forma de un registro, continuamente reescrito y reevaluado a la luz de evidencias antiguas y nuevas, la memoria se asocia a unos propósitos públicos, no intelectuales: un parque temático, un memorial, un museo, un edificio, un programa de televisión, un acontecimiento, un día, una bandera. Estas manifestaciones mnemónicas del pasado son inevitablemente parciales, insuficientes, selectivas; los encargados de elaborarlas se ven antes o después obligados a contar verdades a medias o incluso mentiras descaradas, a veces con la mejor de las intenciones, otras veces no. En todo caso, no pueden sustituir a la historia”.

Que cada cual saque sus conclusiones. Saludos cordiales para la izquierda y para la derecha.

[1] Tony Judt fue un historiador y escritor británico, profesor en varias universidades. Especializado en Europa, dirigió el Erich Maria Remarque Institute en la Universidad de Nueva York. Fue colaborador habitual de la revista New York Review of Books. 


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