Las lágrimas de Michel y la liga que se decide en La Rosaleda

EMILIO GÓMEZ 
(Periodista)


Estaba en un bar en Granada para ver la última jornada de liga. Por entonces yo era un estudiante que estaba en el primer curso de la Universidad. Tenerife-Real Madrid. Los blancos dependían de sí mismos para ser campeones de liga. En esos tiempos nadie tenía en casa el pago por visión. La gente se iba a los bares a ver el fútbol. Cientos de fotografías me quedan grabadas de aquella tarde en el bar Machaquito, la expresión de mi compañero de mesa “que bonito es el fútbol pero que mal se pasa”, los nervios que pasamos y los rostros de los jugadores al abandonar el campo especialmente el de Michel.

Nadie esperaba un descalabro igual. Mucho menos si tenemos en cuenta de que a la media hora de partido, Hierro y Hagi ya habían metido para el Real Madrid (0-2). Apareció a partir de ahí la maldición de las islas. Rocha se metió un gol en propia puerta, la cesión absurda desde el mediocampo de Sanchís, el despeje de Buyo. Pasaron tantas cosas en menos de dos horas que darían para escribir un libro. García de Loza y Celino Gracia Redondo fueron los colegiados de las dos ligas que el Madrid perdió en Tenerife de la misma manera y en la última jornada de liga. Dos arbitrajes infames que hundieron a un Madrid en una de las peores tardes de su historia futbolística.



La cara de Michel era un poema. No podía ni fijar la mirada. Sus ojos no habían visto nada igual. Ni el día de la semifinal con el PSV de Copa de Europa fue tan doloroso. Escribió San Agustín que las lágrimas son la sangre del alma. Se derramaron muchas en las islas. El más afectado era Michel. Ahora él puede herir de la misma manera al Real Madrid si le gana en la última jornada en la Rosaleda. Son cosas de ser un profesional de este deporte.

Michel sabe que se siente al perder algo que creías tener ganado. La vida es así de caprichosa. Cuentan en Málaga que por allí la sensación es la misma que en las islas hace casi 25 años. Este Real Madrid guarda muchas similitudes con aquel de la Quinta del Buitre, juega bien, tiene gol y es favorito. Sin embargo, en el fútbol dos más dos no son cuatro. Puede pasar de todo en 90 minutos (una expulsión, un García de Loza, un Gracia Redondo, un mal despeje, el balón que no entra). El fútbol puede ser maravilloso o cruel dependiendo de lo que suceda a veces por el simple azar. Nadie se olvidará de aquellas lágrimas de Michel ante el consuelo inútil de Quique Estebaranz.



Ya lo decía el técnico del Málaga “yo soy mucho más madridista que Valdano”. Lo es. Se decía que sus rabietas cuando perdía el Madrid eran de órdago. Lo que pasa que los que van a decidir son los jugadores. Muchos se olvidan que Michel dejó de jugar hace muchos años y los partidos los ganan o los pierden los jugadores. 


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