Eternos adolescentes

EMILIO GÓMEZ
(Periodista-Director)


Paul Nizan cuestiona que la juventud fuera la edad más bella de la vida. Posiblemente la sea si no pasan en ella acontecimientos brutales. Ser joven es tener un cuerpo joven, ganas de vivir y un alma a estreno. Es la época del amor, de salir a la calle, de fiesta y de conocer cosas nuevas. Una cosa es ser joven (todos podemos serlo durante toda nuestra vida) y otra, muy diferente, comportarte toda la vida como un adolescente.

¿Cómo se vive esta época? Nuestros padres decían que la adolescencia era aprovechada para iniciar una vida. Utilizaban esas ganas juveniles para trabajar en demasía porque ansiaban poder casarse, juntar dinero para una casita y formar una familia. Luego llegó la generación X, en la cual me incluyo, en la que ya se retrasaban los plazos para casarse, para tener una vivienda y salir de casa. Una generación bien formada que ha sido ensalzada por los profesores de aquella época. No tuvieron en su juventud el sacrificio desmedido de sus padres pero vivieron su adolescencia a tope y salieron de ella. Es la ‘generación del puente’ que vivió entre dos ríos muy diferentes, el de sus padres y ahora, el de sus hijos.

A las nuevas generaciones de ahora les está costando más salir de esa ‘eterna adolescencia’ que muchos se han construido. Ser mayor ya no es tan atractivo como lo era antes. Los jóvenes de la generación de nuestros padres, querían hacerse mayores para vivir su propia vida porque en su casa estaban sometidos a sus padres y al trabajo de estos. Los jóvenes de ahora viven su propia vida en su casa porque ni están sometidos a sus padres ni a ningún tipo de trabajo como antiguamente. No necesitan una casa aparte para vivir a su modo. La acumulación de tantas necesidades superfluas nos ha hecho estar más robotizados y menos humanizados.

Hay una sobreabundancia de adolescencia en personas que ya no son y que luchan por seguir siéndolo. Un día leí un cuento de una persona que habiendo perdido una moneda en un rincón sombrío de una calle, se puso a buscarla a varios metros de distancia bajo el resplandor de una farola. Cuando le preguntaron qué por qué la buscaba allí, al no ser el sitio donde la perdió, respondió que porque había más luz. En esa situación están los jóvenes que ya no lo son. Buscan encontrarse en una época que no es la suya.

La vida es una sucesión de calles que tienes que ir pasando. A la gente le da miedo mudarse. Tienes que buscar tu moneda en el sitio que te corresponde. Un eterno adolescente es aquel que rechaza perder el modo de vida que tenía y ya no le corresponde.

Antes, había muchos jóvenes que trabajaban desde los 16 años o antes, se construían una casa y se casaban con veintipocos años, teniendo niños pronto. Dejaban de ser adolescentes muy pronto. En la actualidad, al contrario. Ni una cosa ni la otra. Todo tiene su época. Tan malo es adelantarse a abandonarla como retrasarse a salir de ella. El tiempo es el que es. No se puede prolongar. Como decía un viejo presentador de televisión “tengas la edad que tengas, jamás serás más joven que hoy aunque la vida no te deja ser siempre un eterno adolescente”. 


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