El hombre que amaba a Franco Battiato

MIGUEL CARDADOR LÓPEZ
(Presidente-Editor)


Acabo de leer el libro que lleva el título de este artículo, cuyo autor es el pozoalbense Juan Bosco Castilla Fernández, el cual ha recibido recientemente el último premio Solienses.

La mayor parte de sus libros los he leído, y en líneas generales, dentro de mi modesta opinión, tengo que decir que están a la altura de escritor de primer nivel nacional, ya que tiene la capacidad y sabe conjugar a la perfección los distintos elementos literarios que se necesitan para que sus obras alcancen ese nivel tan alto.

La desgracia de Juan Bosco, en este sentido, es que no vive en Madrid o Barcelona, porque de haberlo hecho estoy casi seguro que hubiera podido vivir de la literatura. Es una pena que una pluma de tanto talento como la suya no haya encontrado un mecenas para introducirlo en los circuitos literarios de más rango y que hubiera canalizado comercialmente sus trabajos.

Esta nueva obra me ha atrapado desde el principio y la he leído en 6 días, pues una página me llevaba inexorablemente a buscar la siguiente sin apenas darme cuenta. Yo, como lector, iba introduciéndome de lleno en la trama a través de los acontecimientos que llevan a un joven a toparse con la referencia del original de un libro que se parece a las canciones de este artista, y cuyo autor ha fallecido de forma no natural. Dejándose llevar por un impulso irrefrenable para encontrarlo, vivirá una serie de situaciones y aventuras desde su pueblo (que bien podría ser cualquiera de nuestra comarca) hasta la capital sevillana, donde se reúnen una serie de miembros influyentes de una especie de sociedad selecta y secreta, unidos por un nexo común que es la excitación y la perversión sexual.

De allí viajará por varias ciudades de Europa y cruzará el charco hasta Nueva York, y en estos viajes y peripecias conocerá a personas con los que establecerá una fuerte amistad y, lo mejor, descubrirá el amor en todo el esplendor de su palabra.

El humor, el amor, la ternura, el misterio, el erotismo, la decepción, la investigación y la intriga son las bases de esta obra, entrando también en juego las actuales tecnologías, como las páginas web y los correos electrónicos, la forma más común de comunicarnos en este mundo globalizado.

La obra se va desarrollando en un guión trepidante donde nada indica lo que será el final.

No quiero perder la ocasión de insertar unas breves líneas del libro, que está compuesto por 297 páginas y editado por Altera.

“Señora, está usted hermosísima. Epifanía se había duchado y las dos se hallaban frente al espejo de cuerpo entero del cuarto de baño, desnudas: ¿Crees de verdad que soy hermosa? Purificación se acordó de aquel día en que Epifanía se asomó a la habitación de su piso y, delante de su madre, le dijo: tú, que eres fea y pobre debes de sentir fascinación por la belleza y el dinero. ¿No te gustaría tenerlos cerca y saber qué sienten las personas que los disfrutan? Y le dijo también: ¿Te gustaría ponerte joyas caras? ¿Te gustaría tocar mis abrigos de visión, mi ropa interior, mis pijamas de seda? ¿Te gustaría ponerte mis perfumes, comer lo que como y ver a mis visitantes sin que te vean? ¿Te gustaría bañarte en mi baño? ¿Te gustaría saber cómo miro y cómo me miran los que me desean? Soy muy hermosa, ¿te gustaría verme desnuda?

Purificación recordó estas palabras como había hecho cada minuto desde aquel día”.

En resumidas cuentas, una sobresaliente obra literaria para satisfacción de los que amamos la lectura, y si esta lectura es buena mucho mejor.

Debes de estar orgulloso, igual que lo está toda tu familia y amigos, entre los cuales me incluyo, porque Dios te ha dado el don de la escritura, entre otras virtudes, cosa de la que este semanario se beneficia con tus lúcidos artículos de opinión, aunque sean menos de los que a mí me gustaría.

Enhorabuena amigo Juan Bosco. Y a ustedes, amigos lectores, si tienen a bien recibir un consejo, no pierdan la ocasión de leer esta novela. 


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