Unidades de medida

PAULA RANCHAL GARCÍA
(Estudiante 4º ESO) 


Medimos la cantidad con kilos, la distancia a metros, la edad por años, y ese tiempo en horas, minutos y segundos, pero, ¿qué mide los momentos?, ¿qué medio calcula el valor de una persona?, ¿qué nos informa sobre las ganas de hacer algo que tenemos?

Los inteligentes dirán que eso nadie puede hacerlo. En cambio, lo hacen. El instrumento para ello es el ser humano. Últimamente, quien está a mi alrededor es capaz de averiguar cómo ha sido mi vida sólo con verme, juzgar mis sentimientos creyendo que me conocen y por ello, saber lo que quiero y merezco. Voy a explicarlo con ejemplos.

‹‹He tenido un mal día, de estos en los que prefieres desaparecer del mapa. Me apetece tomarme algo para relajarme y en el trayecto de mi casa a la tienda me cruzo con un viejo amigo que hace tiempo que no veo. No me apetece mucho hablar con nadie pero realmente es una alegría verle de nuevo. Sonrío un poco forzadamente por la causa y él responde con una gran sonrisa de oreja a oreja. Qué envidia. Después de ese día no volvió a sonreír al verme, es más, apartaba la mirada. No debería juzgarle. Quizá sus días siguientes también fueran paupérrimos.

Voy por la calle con un chico, en mi caso, y hay tres cuartos de las personas que me cruzo por la calle que creen que esa persona y yo tenemos alguna clase de relación fuera de la amistad. Tal vez íbamos con mochilas al hombro o tal vez no, lo importante es que la etiqueta del resto de la gente no puede ser amistad o algo menor a una relación.

Ahí hay dos inquietudes; porque si así es con alguien de mi sexo contrario, que estaría mal igualmente, ¿por qué no también del mismo?, y ya volviendo a lo de antes, ¿tiene que ver algo lo que veas y creas, sin tener ni idea, de lo que es en realidad?››

Mi finalidad es abrir los ojos al mundo sobre por qué estamos tan ciegos. Hay personas que se pierden tanto, en lo que opinen, o no, los demás, que no saben quién son, y no hay peor decepción que una persona que no se conozca a sí misma. Entiendo, que cualquiera viendo, puede suponer y dar su opinión sobre cómo cree que es algo, pero hablando del interior de uno de nosotros nunca será igual. Todo cerebro, tan único como es y junto con el corazón, tiene el secreto más grande del mundo guardado en lo más profundo de sí, y al ser secreto, es desconocido para ti, para mí y para el resto, por lo que juzgar sería de ignorantes.

Prejuzga el que no entiende que la vida son dos días y que cada uno los entiende, los sueña y los disfruta desde el paraje del mundo en el que le ha tocado vivir, de la manera que prefiera, y entienda, y sueñe, y sin duda, con la que más disfrute.

Olvidarte de ti sí que es de ignorantes. ν

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