Sobre Pedroche y nuestras tradiciones

EMILIO GÓMEZ 
(Periodista)


Autenticidad, singularidad  e historia se mezclan en un acontecimiento que, cada año, tiene lugar en Pedroche, quien acoge la jornada de  Nuestras Tradiciones  con la que se pretende hacer un homenaje a aquellos oficios, trabajos y actividades de antaño que ya han desaparecido o están a punto de hacerlo.

Los cercados de las dehesas y las encinas dibujan la carretera que lleva a esta localidad. El trazado de sus calles y la blancura de sus fachadas la hacen ser uno de los pueblos con más encanto de Córdoba. Está como en lo alto del Valle de los Pedroches, como un mirador que te asoma al tiempo, a la historia y a lo que fue el Valle.  Más allá de las cuestas, protegiendo el pueblo, la torre de  la Iglesia del Salvador, que es una obra de arte. Sus calles estrechas y empinadas hacen de Pedroche, uno de esos pueblos que vale la pena recorrer y hacerlo calle arriba y calle abajo.

Entre la blancura que no cesa y esas cuestas uno tiene la sensación de recorrer un pueblo que existe tal y como fue. Casas con patios llenos de luz y de flores. La fantasía de lo antiguo con viviendas de paredes encaladas. El convento, la iglesia, la torre. Pedroche es granito, encina y tradición. Es vivir en otro tiempo viviendo en este.

Se imaginan que se volviera a arar con mulas, que el transporte fuera con carros y que se portearan los cántaros de agua en la cabeza. Una vida así fue posible no hace tantos años. Esto es lo que se recuerda en Pedroche, la memoria de un tiempo que se fue y con él una manera de vida.


Decía Javier de Juan que “el pasado estaba roto o terminando de romperse, el futuro permanecía guardado en un cajón y el presente estaba nuevo, recién estrenado”. Si evitamos que lo de antes no se acabe de romper, tendremos una opción más de mostrar como fuimos y como somos. El saber popular, la apuesta por lo sencillo y el vivir con la naturaleza,  es como una revelación.  


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