Pongamos que hablo de vivir (5)

JOSÉ ANTONIO CARBONERO FERNÁNDEZ
(Ingeniero Técnico Agrícola)


La primera impresión es la que cuenta. Me imagino el tremendo shock en la cara de Gino Rausa, agricultor de Casarano, localidad situada en la región de Puglia justo en el pico de la bota italiana, al ver la tremenda devastación que sufrió su olivar centenario. Tuve la suerte de escuchar en una conferencia a este agricultor, en la que comentó, de manera veraz y sincera, los daños que estaba causando en su olivar la bacteria Xylella Fastidiosa.

Esta gravísima enfermedad causada por la fastidiosa bacteria fitopatógena, es decir, que causa enfermedades a las plantas, conocida como “el ébola del olivar”, ha provocado estragos en media Italia, y tiene acongojados a todos los olivareros españoles. Hay mucho trabajo ya realizado, Blanca Landa, investigadora del CSIC y especialista en control integrado de enfermedades, comenta en una de sus entrevistas que la bacteria debe su nombre a su tipo de vida, tiene un crecimiento fastidioso en medios de cultivo microbiológicos. En resumidas cuentas, poder aislarla de las plantas que infecta y cultivarla o hacerla crecer en el laboratorio no es algo trivial, ya que posee unos requisitos nutritivos para su crecimiento muy específicos.

El problema fundamental es la gran capacidad de dispersión que tiene a través de insectos voladores chupadores que se alimentan del xilema de la plantas, que no es otra cosa que el tejido a través del cual las plantas transportan el agua y las sales minerales desde la raíz hasta las hojas, allí crece confinada, se multiplica y coloniza la planta.

Y entonces nos preguntamos: ¿cómo llegó a Italia? o en el peor de los casos, ¿podría llegar a España? ¿cómo evitarlo?, pues bien, llega a través de material vegetal infectado. Cuando se alude al pasaporte fitosanitario, no se debe tomar a la ligera, el pasaporte garantiza que lo que compramos ha pasado unos rigurosos controles de calidad, que el material está sano, y por supuesto, que no alberga ni rastro de estas bacterias. Así empezó el asunto en Italia, material ornamental infectado que provenía de Sudamérica.

¿Acongojados? sí, y no es para menos señores, tiene como aliados a buena parte de los insectos que podemos encontrar en cualquiera de nuestros olivares, entre ellos la conocida y martilleante chicharra, a la que todos identificamos con el período estival, lo que nos dice algo de forma clara, es realmente difícil de combatir, y esto da idea de su tremendo potencial para invadir millones de olivos como ha hecho en Italia.

Escucha uno a este agricultor y resulta muy amargo ver como todo cambia tan rápido y fugaz, de pronto sucede algo en nuestra existencia que nos cambia por completo el rumbo y el norte, nos vemos abocados a una encrucijada de sensaciones. Siempre queda el reconcome de por qué no disfrutamos más el momento, por qué no se aprovechó más intensamente, pues bien con esta temida bacteria sucede lo mismo, con lo bien que estábamos antes de que apareciese, y menudo problema puede avecinarse.

¿Hay que alarmarse? pues claro, además ya ha aparecido en Baleares y está siendo neutralizada, pero no hay que ver el vaso medio vacío nunca, hemos de aprender rápido y bien de nuestros vecinos italianos, no caer en sus errores, mejorar la medidas profilácticas, controlar de forma exhaustiva los movimientos de plantas entre países y por supuesto, aislar las zonas afectadas. Sabemos cómo actúa y como se dispersa, por tanto, podemos trazar planes de lucha contra la misma.


Verdad inmutable, somos nuestro patrimonio, no tenemos mejor tesoro que ese, la tierra, este olivar que es tan importante y que genera sólo en Andalucía cifras realmente increíbles, nos muestra de manera fehaciente que cualquier esfuerzo realizado no será en vano, no se trata de crear miedo y nerviosismos innecesarios, pero sí es indudable que todo el mundo tiene que conocer a esta fastidiosa amiga a la que nadie quiere y a la que, sin duda, se teme. 


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