La lectura nos cambia


JUAN ANDRÉS MOLINERO MERCHÁN
(Doctor por la Universidad de Salamanca)


Decir originalidades sobre la lectura y la necesidad de leer, a estas alturas, parece imposible. Pero merece la pena siempre reflexionar sobre el tema. Un buen porcentaje de españoles sigue sin leer demasiado, sin dedicar a penas tiempo a la lectura (porque en su vida profesional no lo precisan, ni consideran, ocio, etc.), y ello pone de manifiesto en cierta forma carencias notorias de tipo cultural. Más de un tercio de la población dicen no leer ni haber leído nunca un libro, y resulta realmente escalofriante. Tales estadísticas incitan a algunos a repuestas agresivas contra quienes no son lectores, pero creo sinceramente que lo que suscita es tristeza e incomprensión. Tal vez nunca tuvieron la posibilidad de leer o de que alguien les acercara mínimamente a este mundo maravilloso. Las razones son convincentes desde cualquiera de los argumentos que se elijan.

Los especialistas de psicología y pensamiento humano han escrito de ríos de tinta explicando que una faceta fundamental del ser humano es el lenguaje, la comunicación, que nos identifica muy especialmente y supera con creces las posibilidades de otros seres comunicativos (animales…).

El lenguaje no solamente es un instrumentos de relación con los demás (y otros seres de la naturaleza), sino que gracias a él desarrollamos nuestro pensamiento e inteligencia; nuestra capacidad de generar estructuras más complejas que amplifican el ámbito del raciocinio. Crecemos día a día y generación a generación, evolucionamos y cambiamos sin orden de continuidad.

La lectura y escritura son procesos complejos del pensamiento humano que nos facilitan ampliar potencialmente nuestras capacidades mentales. Gracias a la lectura hacemos más ancho nuestro pequeño mundo existencial; sin movernos. Leer nos permite conocer espacios y tiempos; nos posibilita conocer otros pensamientos, formas y estilos de vidas; nos agranda no solamente informaciones cognoscitivas, sino enriquecernos afectivamente, porque los libros nos trasmiten sentimientos (alegría, tristeza, ilusión, ambición; y también todo lo contrario). El disfrute y la satisfacción es una perspectiva indiscutible con los libros (pero hace falta entrar en este mundo, claro). Con todo ello no solamente interiorizamos, sino que comparamos y contrastamos nuestra pequeña existencia con otras perspectivas espaciales y humanas del universo todo.

Las posibilidades que nos ofrece la lectura son infinitas. Decía una afamada autora que el lenguaje es la medida de nuestro mundo, pues marca en buena medida nuestros límites (hablamos de lo que sabemos, de lo que vemos, sentimos personalmente, etc.), y es cierto, pero gracias a las lecturas tenemos la posibilidad de ampliar el marco existencial, tanto en los conocimientos, sentimientos y actitudes. La lectura nos cambia, y para mejor. Resulta una necedad renunciar a ello. Esa es la gran verdad, que nos hace más grandes como personas.

Más allá de las cuestiones de percepción y construcción que nos permite el leer, resulta espectacular valorar las bondades de los que han escrito los libros, que cuyos contenidos llegan a nosotros de forma tan sencilla. Decía Plinio “El Viejo” que no hay ningún libro malo, que todos te aportan algo. Casi todos estaremos de acuerdo con dicha aseveración, pero dejando de lado la absoluta bondad del aserto, sí que habrá que concordar que los libros que han llegado a nosotros a lo largo de la Historia (de los grandes maestros) constituyen lo más alambicado del pensamiento humano. Tenemos la suerte poder acceder a las mejores ideas, proyectos y creaciones de la humanidad (y también a las peores) con una simple lectura.

Fácilmente podemos conocer las mayores creaciones materiales de la Antigüedad, el pensamiento de los prohombres y mujeres de veinte o treinta mil años; la maquinación de los científicos que nos descubrieron los fenómenos de la naturaleza; los creativos que resolvieron problemas técnicos para abastecernos de agua con presas, molinos de trigo para poder comer, artefactos para movernos por el aire; psicólogos y sociólogos que nos enseñan el funcionamiento de nuestra mente, el comportamiento humano y de la sociedad; artistas que han recreado formas diversas para representar simbólicamente nuestros mundos en distintos formatos.

Qué suerte tenemos (o podemos tener, si queremos) de disponer en nuestras casas, escuelas y bibliotecas del alma e ideas de los más grandes: el pensamiento de Aristóteles u Ortega; la ambición del César, Napoleón; las maquinaciones de Einstein, Newton o los pensamientos políticos de Marx, Keynes o Ghandi. Nuestro pequeño mundo tiene una maravillosa ventana en la lectura. Ciertamente no somos conscientes de lo que tenemos a nuestro alcance. Educarnos y transformarnos con la lectura debiera ser una asignatura obligatoria. ¿Alguien da más? 

Pagina 6 del Semanario La Comarca nº 112 (22/04/2017).



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