La edad de oro de la pañería de Los Pedroches (siglo XVI)

JUAN PALOMO PALOMO


Es conocida la importancia que tuvo en la comarca la industria textil, especialmente en el siglo XVIII, aunque sería al menos un par de siglos antes cuando comenzara esta actividad en los Pedroches.

Desde la época de los Reyes Católicos se estableció que al menos un tercio de la producción de lana se quedara en el país para atender la demanda nacional, apareciendo centros textiles como Segovia y Cuenca. A finales del siglo XV se había constituido en Córdoba una pujante industria textil que se fundamentó en la articulación rural-urbana del proceso productivo, caracterizada por una división de las distintas etapas, según la cual las labores de preparación de los paños (hilado, cardado y tejido) se hacían de modo disperso en los medios rurales, mientras que las labores finales de apresto (bataneado, tundido, teñido) y la venta se hacía desde la capital cordobesa.

Los mercaderes cordobeses apostaron por la calidad para introducirse en el mercado. El acoplamiento y división de funciones entre los ámbitos rural y urbano permitía rentabilizar al máximo los recursos disponibles y sortear las dificultades: la fabricación de paños requería de costosas infraestructuras (batanes, por ejemplo) o de unos caros productos tintóreos que había que importar. Para los pequeños productores el ciclo completo de producción habría supuesto unos importantes desembolsos de capital, de construcción y mantenimiento de infraestructuras, de conocimientos de los mecanismos financieros y comerciales necesarios, que estaban fuera de su alcance. Así que se produjo la división del trabajo entre los centros productores, especialmente los Pedroches, y la ciudad.

Junto al Guadalquivir y al sur de él había centros textiles (Montoro, Bujalance, Baena…) que elaboraban productos de bajo valor, dedicados en buena medida al consumo interno. Los telares de los Pedroches, en cambio, se especializaron en tejer paños de gran calidad: velartes, palmillas y paños veinticuatrenos. La calidad estaba determinada en gran medida por la cantidad de materia prima empleada en cada tipo, y el veinticuatreno era el paño para el que se empleaban en su urdimbre 24 centenares de hilos (en Bujalance o Castro del Río se tejían paños bastos catorcenos o dieciochenos, por mucho, con 14 y 18 centenares de hilo por urdimbre).


Producción pañera en Los Pedroches hacia el año 1588.


Los telares de los Pedroches se elaboraban paños de alto valor “en jerga”, semielaborados, en los que su apresto final se realizaba en Córdoba. De 1508 es un arancel de salarios textiles de Pedroche, donde se manifestaba expresamente que “la cosa más útil y provechosa y más principal de la vivienda de los vecinos y moradores de esta villa es el oficio que tienen de hacer paños, por donde esta villa ha sido y es más aumentada”. Casi al final del siglo, en las averiguaciones de alcábalas de 1590-1595, el regidor de Pedroche manifestaba que “el trato de paños es el principal de esta villa y tan general que casi todos los vecinos de la dicha villa trataban en él y con poco caudal se hace un paño diez o doce veces al año”. En otros documentos se expresa que hacia 1560 solo la villa de Pedroche producía anualmente unos tres mil o cuatro mil paños veinticuatrenos al año. Algo similar nos encontramos en Torremilano. En 1500 el concejo de la villa impuso una ordenanza en la que se prohibía que hubiera factores o corredores en busca de paños, “porque es el trato de la gente y no vive de otra cosa” (se pretendía evitar la explotación de los pequeños telares locales por parte de mercaderes, corredores o factores). En 1589 afirmaba su concejo local que “el trato y granjería de esta villa es lanas y paños, y heredades y labor, aunque lo de heredares o labor es poco”.

Pero había grandes diferencias entre la producción textil de cada Villa de los Pedroches, aunque los datos que poseemos corresponden al tiempo final del siglo XVI, época en la que ya era evidente una contracción de la producción. Entre 1590-1595 se contrataron anualmente unos 12.500 paños en el mercado cordobés, mientras que diez años antes la media era superior a 16.000, y a mediados del XVI, época dorada de la pañería cordobesa, se hablaba incluso de treinta mil piezas al año.

En 1588 el corregidor de Córdoba pidió información a los concejos de las villas de los Pedroches sobre sus niveles de elaboración textil, estimándose en unos siete mil anuales, es decir, el 56% de la producción pañera cordobesa de calidad. Esto es superior a centros textiles tan importantes en la época como Cuenca, que a mediados del siglo XVI fabricaban unas cuatro mil piezas por año.

Los datos se muestran en la tabla adjunta (aclaro que los “vecinos” que aparecen en ella no son “habitantes” o “almas”, como se decía entonces, sino que el término equivaldría a unidad familiar contributiva; para pasar de unos a otros habría que multiplicar el vecindario por 3,5 o 4, aproximadamente). Los siete mil paños de ese año supusieron unos ingresos de 56 millones de maravedís, equivalentes a 160.000 escudos que, con el peso estándar de cada uno, habrían supuesto unos 540,8 kg de oro; al cambio actual de unos treinta euros el gramo aúreo, vendrían a ser, aproximadamente, 16,22 millones de euros. No es una equivalencia, sino una simple estimación para que podamos hacernos una idea. Por aquellos mismos años en que se hacía el informe, el ejemplar escudero Sancho le decía a su señor don Alonso Quijano que con veintiséis maravedís al día cubría la mitad de sus gastos: su jornal habría sido real y medio. Un siglo después, en 1692, un jornalero de Pozoblanco que saliese de su casa para cavar, podar, esquilar ganado u otras faenas cobraba un real y medio desde el primero de octubre al primero de abril, y dos reales el resto del año. Por estos tiempos un real equivalía a 34 maravedís, y un escudo de oro a 350.

Se constata que eran los tres municipios más poblados, Torremilano, Pozoblanco y Pedroche, los que acaparaban el 78,6 de la producción de la comarca. Cualitativamente, en la relación de maravedís por vecino, eran Torremilano y su antigua aldea, Añora, junto con Pozoblanco, las principales villas beneficiadas. Alcaracejos y Torrecampo ofrecían un promedio de un paño por vecino al año, con unos ingresos de unos 7.600-8.000 maravedís por cada uno. Considerando que en estos tiempos la renta media anual agraria por vecino de las Siete Villas era de poco más de once mil reales, los ingresos por la pañería en Añora, Pozoblanco y, especialmente, Torremilano, fueron muy notables.

La nota discordante corresponde a Villanueva de Córdoba, con unas cifras muy inferiores a las medias comarcales: apenas si se fabricaba un paño por cada tres vecinos, y los ingresos por cada uno eran diez veces inferiores a los de Torremilano; con más del doble de población que Añora, se fabricaban la mitad de paños que allí. Hacia 1585-1589 sólo había cuatro o cinco tejedores en Villanueva; siendo más abundantes los vecinos que compraban pequeñas cantidades de lana para hilarlas en casa. Mas durante el siglo XVI Villanueva de Córdoba tuvo un desarrollo muy considerable: se independizó de Pedroche tras pagar 700.000 maravedís; se construyeron la iglesia de San Miguel; las ermitas de Jesús, San Sebastián y San Gregorio; locales para el Concejo, el pósito y cárcel. Ello implica que hubo grandes ingresos, pero que no procedían entonces mayoritariamente de los telares, sino de la práctica agropecuaria.

En resumen, la industria pañera fue muy relevante durante el siglo XVI en Pedroche, Torremilano, Pozoblanco o Añora, pero de muy pequeño tamaño en Villanueva de Córdoba, cuyos habitantes se dedicaron sobre todo a la agricultura y ganadería. En el XVIII se reactiva la industria textil en la comarca, y en ese momento sí entró en ella Villanueva de Córdoba.

(http://sibulquez.blogspot.com.es/2015/05/unos-cardan-la-lana-industria-panera-en.html).

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