Días de Cuaresma en mi pueblo

ARTURO LUNA BRICEÑO


Llevo todo el año ordenando el archivo de mi padre y de paso ajustando el mío que andaba un poco caótico. Han sido días de digitalizar documentos y guardarlos. Y en eso estaba cuando el recién elegido Capitán de la Hermandad de los Sayones de Jesús Nazareno me dice que si quiero hablar de la historia de la Hermandad para toda la familia de esta centenaria asociación. Le digo que sí. Que los Sayones, El Prendimiento, las carreras del Judas y el Pregón me apasionan. Que me gusta asistir a ese Vía Crucis porque me evoca mi niñez. Porque en 1969 transcribí el Libro de Pellejo donde están sus Constituciones y sus acuerdos. La compra de la trompeta para reponer la que se llevaron las tropas gabachas del Brigadier Duarte cuando iban camino de Cádiz y no tuvieron mejor acuerdo que saquear mi pueblo.



En 1981, en un acto que participaron algunos buenos amigos de TVE, ya desaparecidos, presenté mi libro: “Pozoblanco: Historia de la pasión”. Con él comenzó una investigación que muy pronto culminará en un ensayo histórico que estoy a punto de acabar y que lo titularé:”La Santa Inquisición en Pozoblanco”, En este trabajo hay muchas horas de investigación y de leer legajos antiguos del Archivo del Secreto del Santo Oficio de Córdoba.

Es una historia en la que tiene mucho protagonismo la Cofradía de Jesús Nazareno con estatuto de limpieza. Estatuto que perdió por no acatar la orden que le vino de la Inquisición de Córdoba de que no le hicieran Auto de fe a Andrés Peralbo Cruzado, rico hombre de Pozoblanco que hizo su fortuna trajinando en la compra de la pieles de macho cabrío, que él curtía en las dos tenerías que en siglo XVIII había a las orillas del Arroyo de la Condesa, a su paso por lo que hoy es la Calle Peatonal que parte del Arco del Ayuntamiento y termina en la Biblioteca Municipal.



Andrés Peralbo vendía las pieles a la Mina de Almadén, para que atadas, a manera de bolsa, se llenaran de mercurio que partía desde el puerto de Sevilla para las Minas de Querétaro o las del Potosí.

Este Andrés Peralbo no era el que le dio nombre a la calle de Pozoblanco. Era originario de Chillón y hombre envidiado y odiado. Y cometió el error de querer ingresar con su mujer en la Cofradía de Jesús Nazareno, y no se lo permitieron porque dijeron, sin fundamento alguno, que era descendiente de judíos. O lo que es lo mismo, que era de los de la casta del rabo. Que era como antiguamente señalaban en Pozoblanco a los que suponían como seguidores de la Estrella de David.



Fueron días de Cuaresma que han quedado plasmados en las actas del Libro de Pellejo de la Cofradía, que un día apareció en el cajón de una cómoda de la Sacristía del Hospital. Días de envidias y odio. Que se saldaron con un juicio ganado por Andrés Peralbo Cruzado. Y la Inquisición, por desobediencia, le retiró el Estatuto de Limpieza de Sangre a la Cofradía, era el Año de 1.757. Y en 1.783 El Conde de Aranda y su Fiscal General del Reino, Pedro Rodríguez Campomanes acabaron con 690 cofradías de las 711 que habían sido censadas en la Diócesis de Córdoba.



Hoy es un sábado de Cuaresma y algún coro saldrá a cantar la Pasión, y yo iré a la Ermita de Jesús Nazareno y en presencia de esa magnífica imagen, que según la leyenda, se la regaló Alberto Pío, Príncipe de Carpi a Juan Ginés de Sepúlveda, me sentaré a hablar de la Historia de los Sayones de Pozoblanco, que es lo mismo que hablar de la Semana Santa Antigua de mi pueblo. Una de las semanas santas con más solera de Andalucía. Que tenía identidad propia. Un placer. 



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