Pongamos que hablo de vivir

JOSÉ ANTONIO CARBONERO FERNÁNDEZ
(Técnico de la Cooperativa Olivarera Ntra. Sra. de Luna de Vva. de Córdoba)


El campo también puede ser una biblioteca donde uno puede leer la naturaleza y pensar sobre la vida e incluso tener la pretensión de comprenderla. En ciertos pueblos donde no existe más distracción que la soledad, la mejor opción de la que se dispone es la de salir a dar un paseo por nuestro entorno y dejar que cualquiera de estas tardes primaverales nos permita disfrutar de nuestros magníficos paisajes pensando en nuestras cosas, buscando los tan ansiados espárragos trigueros o la deliciosas criadillas de tierra.

Nuestra relación con el entorno nos lleva de manera inequívoca a depender de él, hemos de cuidarlo para disfrutarlo, vivimos en él, con él y de él, de forma directa e indirecta. Creo firmemente que el campo, indistintamente de si se trata de ganadería o de olivar, es el motor de nuestra comarca.

El tejido industrial de toda esta zona, las empresas con las que contamos y los emprendedores que comienzan su actividad, dependen de estos dos grandes pilares económicos. Todo nuestro tejido empresarial, ese compendio de empresas grandes y pequeñas, está ligado a ambas realidades, de una forma u otra, vuelve a aparecer el concepto de manera clara, el campo, sea como ganadería sea como olivar, es el motor de Los Pedroches.

La dehesa, modelo de sostenibilidad por excelencia, gestionada de forma adecuada permite vivir a miles de personas vinculadas a la ganadería, y además es el escaparate de Sierra Morena, única en el mundo, por su riqueza y biodiversidad, por esto es admirada y esperamos que apreciada por propios y extraños.

El olivar, no es en ningún caso ni rival ni antagonista de la anterior, más bien al contrario, es la actividad complementaria en la mayoría de los casos; en mi opinión, la mejor fuente de riqueza que uno pueda imaginar, riqueza para los olivareros durante todo el año y riqueza para que buena parte de la comarca pueda trabajar en él durante el período de recogida (entre dos y cuatro meses al año): es una alegría ver como nuestros olivares se llenan de vida y actividad durante este período.

Allá por el Siglo I, un ingeniero italiano llamado Lucio Moderato Columela, decía que “quien ara el olivar le pide fruto; quien lo abona se lo pide con insistencia, pero el que lo poda, le obliga a que se lo dé”, me parece esta una afirmación realmente exacta y resulta muy curioso el hecho de que pese a todos los años que han transcurrido siga siendo cierta y real.

No deja de sorprender la visión de este ingeniero, como hace tantísimos años pronosticó tan claramente la realidad del cultivo. Ojalá nosotros ahora ya en nuestros días, con todos los medios con los que contamos, a saber: investigación, internet, redes sociales, etc., seamos capaces de ver tan claramente como Columela que nuestro futuro depende de nosotros.

De nosotros mismos, de cómo gestionemos nuestros recursos, nuestro campo y nuestras tierras, que seamos conscientes de que es un gran tesoro con el que contamos, que sepamos, en definitiva, que ya estaba aquí cuando llegamos, y seguro continuará cuando nos vayamos, lo importante es que no se note, al menos de forma negativa, que durante un breve período de tiempo lo usamos para vivir. 


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