Entrevista a César Fernández, misionero pozoalbense en África


“Hay muchas dificultades en Burkina Faso pero se recibe más de lo que se da”


ANTONIO MANUEL CABALLERO
POZOBLANCO


El misionero salesiano de Pozoblanco, César Fernández, ha estado unos días con su familia en Pozoblanco y ha vuelto a contar con muchas muestras de cariño y de afecto. La suya es una vida de entrega por los más necesitados en el continente africano. Son ya más de 35 años, desde el año 1982, en Togo, en Costa de Marfil y desde hace pocos meses en un nuevo país, Burkina Faso. Con él hemos hablado y una vez más su testimonio impresiona.


El padre César relata las dificultades pero también los proyectos que tienen. 


– ¿Cómo se encuentra?
– Ahora mismo estupendamente, para mí estar en Pozoblanco es como estar en el paraíso por el clima, el cariño, la acogida y esto es un respiro para un misionero. Estamos muy bien allí pero a veces se acuerda uno del pueblo y de su gente, y de poder hablar unos días con tu lengua y eso ayuda (sonríe).

– Su anterior destino fue Costa de Marfil, ¿cuántos años pasó allí?
– Más de 10 años con los niños de la calle en una ciudad y lego en otra en un colegio y una parroquia y ahora toca una experiencia nueva.

– ¿Desde cuándo está en Burkina Faso y en qué lugar del país se encuentra? 
– Pues allí estoy desde septiembre en la capital que es Uagadugú, una ciudad enorme, en la que para moverse hay que ir en vehículo o moto, y concretamente estoy en el barrio de Ciudad Bella, que de bella tiene poco, ya que la gente vive en casas de adobe, sin luz, sin agua corriente, con techos de latón dónde cuando hace calor se alcanzan altísimas temperaturas y cuando llueve se forma un gran barrizal. Y allí hay muchos niños y jóvenes en la calle.

– ¿Y de qué viven los habitantes de aquella zona?
– Fundamentalmente del sector agrícola, cultivan cereales en el campo, y en la ciudad del comercio. Hay poca industria y se ven sobre todo pequeños talleres de reparación o de mecánica y luego cada uno se apaña como puede.

– ¿Ha encontrado muchas diferencias entre Costa de Marfil y Burkina Faso?
– Sí son dos países muy distintos en cultura, en la lengua y el desarrollo es menor en Burkina Faso. En el barrio donde estamos no hay escuelas, ni hospitales, ni dispensarios. Nosotros trabajamos el tema de la enseñanza y la formación profesional, que es algo fundamental allí. Hay legiones de niños en la calle con 8, 9 o 10 años sin escolarizar, luego hay mucha inseguridad, delincuencia y droga, con muchos jóvenes sin nada que hacer por eso entendemos que la escuela es una prioridad.

– Ante ese panorama, ¿qué proyectos tienen?
– Allí contamos con talleres de promoción femenina y se dan clases de peluquería, corte y confección y teñido de tejidos. Muchas de estas chicas acuden con sus hijos y como no hay guardería nos ocupamos también de tenerlos entretenidos. Luego se imparten cursos con algunos ordenadores para poder trabajar en algo de oficinas. Y como la alfabetización es importante por lo que vamos a ampliar los estudios hasta el bachillerato y queremos que los jóvenes tengan una base de saber leer y escribir y manejar el francés. Queremos ampliar el centro profesional hacia la mecánica, la electricidad, las placas solares o el frío industrial


César Fernández agradece la generosidad de la gente de Pozoblanco. 


– ¿Con qué instalaciones cuentan?
– Bueno son muy primitivas, hay algunos edificios que se construyeron con la ayuda de una ONG, son de planta baja y allí se dan las clases y los talleres. Los jóvenes que tienen trabajo en la ciudad también acuden de 7 a 9 de la tarde para aprender a leer y escribir y así poder obtener el certificado de estudios primarios. Y luego la iglesia es un chambao con chapas y allí se hace la misa, la catequesis, se dan charlas a los padres, hay actividades con los niños y como salesianos que somos organizamos el Oratorio los sábados y domingos. Cuando llueve se para todo porque hace mucho ruido la lluvia en las chapas. Los jóvenes acuden, en algunos casos desde fuera del barrio y tienen que hacer hasta 12 o 15 kilómetros en bicicleta.

– Las temperaturas son extremas
– Sí, pueden llegar casi a los 50 grados. Allí están acostumbrados, pero yo que soy mayor veo que va a ser duro, esperemos que no nos de ninguna cosa y para eso es importante protegerse del sol.

– ¿Cuántas personas forman la comunidad de los Salesianos?
– Somos tres, con migo están dos togoleses que yo formé hace unos 20 años y allí nos dividimos las tareas como podemos porque hay muchas cosas que hacer. El caso es que tenemos mucha tarea pero también muchos proyectos e ideas, por ejemplo queremos hacer un huerto para agricultura o cuidar gallinas con lo que obtener productos que luego se puedan vender, a través de un taller de transformación.

– ¿Qué acogida tuvo cuando llegó en septiembre?
– Muy buena, la gente es buena y sabe que no vas a pasearte sino a estar con ellos. Y cuando aprendes su lengua eres uno más de ellos. Hay además una buena relación entre cristianos y musulmanes. Para mí era empezar de nuevo, con dificultades pero con la satisfacción de hacer a lo que Dios te ha llamado.

– De Pozoblanco sabemos que recibe mucha ayuda
– Sin duda, mucha. La gente de Pozoblanco es muy generosa. A mí me da vergüenza pedir pero Don Bosco pedía y sobre todo que no es para nosotros sino para que aquel barrio y aquellas personas puedan desarrollarse. Aunque yo me marcho hay muchas personas que llevan material y donativos a la calle Santa Ana 39 y mi familia me lo envía. Y luego hacen falta misioneros y todas las manos son pocas por lo que si alguien quiere probar la experiencia de ir allí como voluntario un mes o varios meses les aseguro que la experiencia es dura pero muy gratificante y se recibe más de lo que se da, porque el africano te enseña mucho.

– ¿En general hay alegría o tristeza en esas personas, dada su situación?

– La gente sufre mucho pero el carácter del africano es no perder la alegría y el sentido de la fiesta y las relaciones humanos y en ese sentido nos dan muchas lecciones. En medio de tantas dificultades no pierden la paciencia y hay conformidad. ν

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