El saqueo del Pósito de Pozoblanco desde 1783 a 1840

ARTURO LUNA BRICEÑO



El Pósito de Pozoblanco es uno de los edificios más contundentes que existen en la ciudad. Con muros de piedra de más de metro y medio de anchos y el tejado soportado sobre una bóveda de cañón que lo recorre de este a oeste. Una puerta de madera de 20 centímetros de grosor con una potente cerradura dotada de una llave que no hay llavero que la encaje. Lo que se dice una caja fuerte que servía para guardar el trigo de reserva para los años de hambruna y de plagas, además de los dineros del pueblo. Los que producían las ventas de la Alhóndiga y los que aportaban los vecinos para cuando vinieran mal dadas.

Este edificio se inauguró el año de 1783, existía anteriormente otro más pequeño con entrada frente a la ermita de Jesús de la Columna. A pesar de su fortaleza, el afán de “limpiarlo”, que tenían los políticos de cualquier credo o pelaje, pudo con él. Su historia duró 57 años. Tiempo en el que las limpias y saqueos no cesaron.

El Pósito en el siglo XVIII en Pozoblanco era el arca del pueblo. Su buen funcionamiento y la importancia del cultivo del cereal marcaban en sus cuentas cual era la primera industria que movía al pueblo. Fue rico en granos y en metálico. Pero las abusivas sacas que hicieron el gobierno, los invasores gabachos o las partidas carlistas, acabaron don él.



Antonio Félix Muñoz, que fue un gran político liberal del Siglo XIX en Pozoblanco, hizo un informe sobre El Pósito en un ensayo que elaboró para que se incorporara al Diccionario de Madoz y expuso las cuentas del Pósito así:

“De 1783 a 1807 extrajo el Gobierno 255.842 reales y 3.589 fanegas de trigo.

Desde 1808 a 1832 extrajo el Gobierno 177.586 reales de vellón.

Las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia sacaron 143.032 reales.

Las Facciones Carlistas de Gómez y Cabrera en 1836, violentamente 4.425 reales.

Para la construcción de la Carretera de Málaga por orden del Gobierno 1.100 fanegas de trigo y todas las existencias de fondos que quedaban”

En total más de un millón de reales fueron extraídos. Así se saquearon los ahorros y reservas de trigo del pueblo, sin que haya constancia de qué ningún político o mandatario local dijera nada.



Los franceses que saquearon el pueblo fueron las tropas mandadas por el Brigadier Duarte que iban a sitiar Cádiz, y entre el trigo y los reales de vellón que amañaron se llevaron también la trompeta de la Hermandad de los Sayones. Instrumento muñidor que con su toque de lamento rompía el silencio de la noche del Jueves Santo al Viernes Santo. La había regalado Miguel Cobo en 1693 para tal uso. Después de la visita gabacha nunca más de ella se supo. Esa acción seguramente fue más dolorosa que las fanegas de trigo y los reales de vellón.

Terminaba Antonio Félix Muñoz su Informe diciendo: “En 1863 con préstamos de los Pósitos de Valenzuela y Villafranca se le dio un nuevo impulso, que en realidad no sirvió para nada.

La historia del Pósito fue la historia de la industria harinera en Pozoblanco. En 1821 llegó al pueblo el primer motor de vapor y seguidamente otros. Los viejos molinos de agua y las tahonas dejaron paso a fábricas de harinas como negocios particulares y la compra y venta del trigo dejo el mostrador de la Alhóndiga y los muros del Pósito para pasar a manos particulares. Fábricas que desaparecieron ya bien entrado el silgo XX. 


Última tahona de Pozoblanco usada como molino de zumaque  y corteza de encina  en la tenería.




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