Caminos antiguos de Córdoba a Toledo por Los Pedroches

JUAN PALOMO PALOMO


Nuestra comarca está en el trazado natural que une el valle medio del Guadalquivir y el centro de la Meseta. Por la penillanura de granito y las sierras que la orlan transitaron numerosos caminos que se dirigían desde Córdoba a Toledo, y después Madrid. Se trata de una red de comunicaciones que se caracterizó por su dinamismo, y que puede estudiarse bajo una premisa básica: la estructura viaria queda orientada por los condicionantes físicos, pero son los factores históricos los que determinan la distribución de los trazados, que varió en función de los tiempos.

Las sierras que se encuentran al norte de la ciudad de Córdoba tienen una orientación dominante NW-SE, lo cual suponía un grave inconveniente, dado que Toledo se encuentra al NE de la misma, por lo que los caminos deberían atravesarlas perpendicularmente. Para solventarlo, desde Córdoba se podría proseguir al pie de las mismas al este o al este, para luego girar al norte en búsqueda de Toledo. Se formaron así dos grandes pasillos, por donde discurrieron distintos caminos, que mostramos en el plano adjunto (PE: pasillo del este; PW: pasillo del oeste). Por lo expuesto, el camino ideal transitaría por el corredor del este, por haber menor distancia entre ambas ciudades.

Un camino ciertamente antiguo es el que desde Córdoba alcanzaba Montoro, para ascender al interior por las actuales Cardeña y Fuencaliente (PE3), aprovechando la falla abierta en la sierra por el río Yeguas. Por él se trasladó el mineral de las abundantes minas del sur de Ciudad Real y NE de Córdoba, en explotación incluso antes de la llegada de Roma.

Caminos antiguos de Córdoba a Toledo.


Ya en el periodo romano las principales vías peninsulares fueron las periféricas, como la Vía de la Plata desde Cádiz a Astorga, o la Vía Hercúlea, que unía la Bética y el levante peninsular con la península itálica. Pero no fueron las únicas, pues desde distintas ciudades, como Córdoba o Montoro, se hicieron una serie de calzadas para unirlas con otros lugares, aunque tuvieran más bien un carácter secundario. Dos de estas vías se dirigían desde Córdoba en dirección a Toledo o el centro peninsular.

Una de ellas (PW3 cñd) entraba en la provincia de Córdoba, y tras alcanzar la actual Pozoblanco, proseguía al sur buscando el Puerto Calatraveño. Tuvo algunas variantes (PW2, PW3) en uso durante la Plena y Baja Edad Media (y que veremos después), pero la vía romana como tal dejó de emplearse durante gran parte de la Edad Media, para tomar gran realce en el siglo XIV, al incorporarse a la red de vías pecuarias para la trashumancia.

La otra calzada romana es la que se conoció después como Camino Real de la Plata o Camino de las Ventas (PE2), que discurría por Adamuz y Conquista. Durante la etapa romana debió tener una relevancia limitada, pero su interés aumentó durante la etapa visigoda, al ser la vía más corta: 272 km de Córdoba a Toledo, mientras que por Bailén y Manzanares son 350; de Córdoba a Ciudad Real había 173 km, y 196 por Montoro y Puertollano. Doscientas de los tres centenares de sepulturas de esta época que descubrió Ángel Riesgo entre 1921-1935 se encontraban a menos de un par de kilómetros de este camino.

Pero tenía un inconveniente de orden estratégico, discurría por lugares, ya en la provincia de Ciudad Real, como La Garganta o El Horcajo que, cuyo su propio nombre indican, suponían un peligro para cualquier tropa ante el riesgo que quedar copados. Es lo que les ocurrió a los liberales de Pozoblanco y Villanueva de Córdoba que en 1835 fueron masacrados por una partida de carlistas en La Garganta.

El Camino de la Plata perdió importancia durante gran parte de la Edad Media, pero a finales del siglo XIV, cuando ya no había riesgos bélicos al norte del Guadalquivir, el camino fue promovido para convertirse en la principal vía de comunicación entre la Corte y Toledo con Córdoba y Sevilla. Su muerte súbita se produjo a finales del siglo XVIII, cuando al albur de las Nuevas Poblaciones de Jaén el rey Carlos III promovió las comunicaciones entre Castilla y Andalucía hacia el actual puerto de Despeñaperros. Aquello era un absurdo geográfico, porque incrementaba notablemente la distancia a recorrer; además, si su objetivo era favorecer el poblamiento de la Sierra Morena jienense, el resultado fue catastrófico para los Pedroches, al quitársele su principal arteria de abastecimiento; este hecho fue, en buena medida, responsable del aislamiento de la comarca.


Puente del camino del Armillat sobre el arroyo de Navalatienda.


Durante el Califato (siglos X-XI) los omeyas construyeron un camino para sus necesidades de dirigirse rápidamente hasta Toledo, habilitando el que denominaron Balat al’Arus, camino de la Montaña, pero que entre nosotros es más conocido por camino del Armillat (PE1), por discurrir por el actual embalse del Guadalmellato. Paralelo y a una decena de kilómetros del Camino Real de la Plata, evitaba el paso por la Garganta, pero requería de unas continuas obras de mantenimiento, especialmente puentes. Precisamente en el arroyo Navalatienda (Villanueva de Córdoba) se conserva uno de ellos. ≠No eran, como los de los romanos, completamente de mampostería, sino que sobre dos sólidas cabezas se ponían unos tableros de madera. Un método rápido y sencillo, pero que necesitaba una continuada labor de mantenimiento. Cuando el Califato cayó, abandonadas esas obras, el camino quedó impracticable.

Coincidió con que con la conquista de Toledo en 1086 aumentó la presión cristiana sobre el norte de la actual provincia de Córdoba. A comienzos del siglo XII los caminos para ir desde Córdoba a la Meseta se habían trasladado al oeste (PW1, PW2, PW3), que por Obejo y Pozoblanco confluían en Pedroche, desde donde continuaba al NW pasando por Torrecampo.

La conquista de Pedroche y otras plazas fuertes del sur de Ciudad Real por Alfonso VII en 1155 produjo otro cambio, y el camino hacia Toledo se desplazó más al oeste aún, dando un gran rodeo por Belmez, Hinojosa del Duque y Belalcázar. Con la conquista de la ciudad de Córdoba en 1236, este trazado dejó de usarse poco a poco, retomándose primero el que se dirigía por Pedroche (las fuentes hablan dos variantes: el Viejo [PW2], por el Musgaño y la Chimorra, y el Nuevo [PW3], por el Calatraveño y Pozoblanco), hasta que desde mediados del siglo XV se impuso el más corto, el Camino Real de la Plata, también llamado de las Ventas por haberse franquiciado una decena de ellas en el tramo entre Adamuz y Conquista.

La ocurrencia de Carlos III de imponer el camino a Andalucía por Despeñaperros acabó con esta secular red viaria, hasta que la lógica volvió a imponerse a finales del siglo XX: la línea de AVE entre Madrid y Sevilla discurre prácticamente paralela al antiguo Camino Real de la Plata.


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