Obituario de Pedro García Agenjo

MIGUEL CARDADOR LÓPEZ
(Presidente-Editor)


El pasado jueves 26, a los 80 años, fallecía en Pozoblanco Pedro García, más conocido como Pedro “El Zoleja”.

Conocí a Pedro en el año 1979, cuando yo tenía 17 años y fiché de entrenador por el Club Deportivo Pozoblanco, siendo más joven que algunos de los jugadores de la plantilla.

Pronto empezó nuestra sintonía, porque él trabajó para el C.D. Pozoblanco como conductor de taxi y de un autocar que compró de segunda mano. Ejercía esta profesión junto a su hermano Juan, bastantes diferentes los dos hermanos, este último algo serio e introvertido, y su hermano todo lo contrario, extrovertido, dicharachero, rayando lo parlanchín.

Comenzamos nuestra relación con la pretemporada, en pleno verano, organizando los viajes que coincidían con las fiestas de los pueblos donde íbamos. Nuestra amistad y confianza se fue agrandando, llegando a mezclarnos muchas veces, él queriendo ser entrenador y yo aconsejándole sobre la ruta a seguir.

Él, en tono jocoso, me llamaba “Radio Atalaya”, porque con 15 años ya hablaba de deportes en la vieja emisora “La Voz de Los Pedroches”, con Ángel Rodríguez. Y por mi parte la forma de dirigirme a él fue siempre “Zoleja”.

Nuestra relación fue de tres temporadas de competición oficial, y luego posteriormente partidos amistosos sueltos que yo, ya fuera del C. D. Pozoblanco, organizaba con equipos de Los Pedroches. Fueron muchísimos los viajes, kilómetros y anécdotas, ya que salvo un par de viajes que hizo su hermano Juan, el resto siempre los hizo él.

En la primera temporada que tuve relación con él nosotros teníamos un auténtico equipazo. Era la época de jugadores como Nieto, Juanele, Calero I, Miguel Castilla, Poleo, Cámara, Ferrys, Durán, Rico, Manolo Moreno, etc. En la primera fase quedamos con mucha autoridad campeones de la zona Nororiental de la provincia, y como campeones nos tocó enfrentarnos en una liguilla con los campeones de los otros grupos de la provincia: Montilla, Priego de Córdoba y Palma del Río. El mejor equipo de todos, siendo objetivos, era el de Montilla, como se demostró a la temporada siguiente que subieron a la Liga Nacional.

Los tres partidos que jugamos en el desaparecido Virgen de Luna, los ganamos con solvencia, excepto contra el equipo vinícola, que ganamos 1-0, metiendo el gol a 5 minutos del final, en una falta que lanzó nuestro central Manolo Llergo, con la suerte de que votó el esférico en un jugador de la barrera y entró mansamente en la portería rival.

El partido que se jugaba en Montilla lo preparamos muy intensamente, siendo conscientes de la potencia del rival, además de tener el público a su favor, pues entonces la media de espectadores en todos los campos era de 400 a 500 personas reales.

Estando en el vestuario del equipo de la campiña, doy la alineación y dejo fuera y como suplente a uno de los mejores, Nieto, por un desplante que me hizo en un entrenamiento. En su lugar entraba de titular con el número 11, el más joven de la plantilla, de 15 años, Antonio Durán. Salvando las abismales diferencias, Nieto, era para nosotros como Messi o Ronaldo. Ante la sorpresa que le causó al delegado y amigo Eleuterio, éste salió fuera y se lo comentó a Pedro. A los dos minutos, se introdujeron ambos en el vestuario y con cara de estupefacción me invitaron a que saliera fuera. Yo en ese momento creía que pasaba algo en el autocar, o incluso que algún descerebrado le había roto el cristal, pero he aquí la sorpresa que con exclamación impositiva me dice: “Cardador, pero qué vas a hacer, ¿dejar a Nieto en el banquillo?”. Ante mi asombro y cierto enfado le contesté: “Mira, “Zoleja”, vete al autocar, agárrate bien el volante y no te bajes de ahí hasta que se acabe el partido”.

El partido comenzó de manera fenomenal, adelantándonos en el marcador, pero al fin se aclimataron mejor a la fuerte lluvia y al estado del terreno de juego y nos infligieron un desmesurado castigo, con un resultado final de 4-1, sin duda fueron mejores, pero ese resultado fue excesivo.

El desplazamiento que hicimos a Priego fue traumático, primero por lo lejos que nos resultó en el año 1980.Segundo porque el autocar no corría a más de 85 km/hora, eso en las rectas. Tercero porque no tenía calefacción. Y cuarto porque el polifacético “Zoleja” siempre nos ponía cansina y repetitivamente las mismas cintas de música de Antoñita Peñuela, Manolo Caracol, etc., haciendo perder la calma incluso a mi jugador más pausado y cerebral, Miguel Castilla, que exclamó: “Zoleja”, cuándo vas a comprar otras cintas y tirar las que tienes”.

Página 3 del nº 101 del Semanario La Comarca (04/02/2017).


Llegamos a Priego por fin, donde Jesucristo dio las tres voces, algo mareados y aturdidos por el madrugón y el largo viaje. Encima nos estaban esperando con actitud tremendamente hostil más de 700 personas; el campo donde más gente he visto presenciando un partido de juveniles en directo. Alguien con mala condición se había encargado de difundir maliciosamente allí la mentira de que cuando ellos nos visitaron en Pozoblanco varios espectadores habían sacado una navaja y que se les había tratado aquí fatal. Los gravísimos insultos y amenazas hacia el equipo nuestro comenzaron ya cuando estábamos vistiéndonos en el vestuario. A tal magnitud llegaba la hostilidad, que el propio delegado del equipo de la Subbética nos recomendó que no saliéramos al campo a calentar, que lo hiciésemos en el propio vestuario, que aunque era reducido le hiciéramos caso, porque bastante caliente estaba el exterior.

Al final, entre el acojono del trencilla de turno, que tuvo una actuación muy casera, y a nosotros que nos afectó la enorme presión, caímos derrotados por 2-0.

A pesar de que ganaron el partido, en todos sitios hay unos cuantos “asalvajados”, que quieren seguir armando camorra. Viendo la situación, Pedro se fue antes de acabar el partido a su autocar, ante la posibilidad que pudieran hacerle algún daño.

Todos salimos lo más rápido posible. Cuando subí al autocar vi muy excitado y nervioso a Pedro, que con exclamación rotunda me expresó: “¡Carda, en un minuto arranco, que ya he tenido problemas con varios aficionados!” Ni minuto, ni treinta segundos, arrancó el autobús sin que me diera tiempo a contar los jugadores. Cuando apenas llevábamos recorridos 300 metros le digo: ““Zoleja”, para, que falta Poleo y Durán”. Él, desencajado como nunca lo había visto ni lo vi posteriormente, me exclamó: “No me paro, me voy a detener a echar gasoil en la gasolinera que está en las afueras del pueblo y lo que tarde en llenar el depósito estoy de nuevo arrancando”.

La gasolinera donde paró estaba a dos kilómetros del campo de fútbol, y allí que me veo corriendo en dirección al campo de fútbol, cuando en la mitad del camino los veo venir a los dos con un tercero montados en un Vespino. Se habían entretenido en charlar con unas muchachas de su edad.

La bronca que les eché hizo que a uno de ellos se le escapara un par de lágrimas, y tal fue el sofocón que cogieron ambos jugadores, que no quisieron comer.

Al final, una carambola en la última jornada (nosotros ganamos en Palma del Río 2-3 y el Montilla empató en su casa con el Priego 1-1) hizo que se produjera el milagro de la grandeza del fútbol, fuimos campeones, y junto al Zoco, campeón de Córdoba capital, disputamos la liguilla de ascenso a la Nacional, frente a los mejores equipos de Cádiz, Sevilla y Huelva. En esta nueva liguilla, tampoco nadie nos ganó en casa, terminando invictos como locales en toda la temporada y a un solo punto de subir a la difícil y entonces muy prestigiosa Liga Nacional.

Recuerdo cuando, trabajando en el taller de mi tío y mi padre en la calle Mayor, salía a algún recado o a hacer algún trabajo de fontanería, y me pasaba por la calle Real, estando en la puerta del bar la Marta el amigo“ Zoleja”, en algunas ocasiones con Ángel Calero, padre de José Luis y Rafa Calero, y nos poníamos a hablar de fútbol, siempre centrado en el Club Deportivo Pozoblanco sénior y en nuestro equipo juvenil.

Yo le decía: “Zoleja”, para qué hablas tanto de jugadores y tácticas, si no sabes un cipote de fútbol. Además eres un conductor mediocre”. Él, con una sonrisa pícara, me contestaba: “Hombre, no voy a saber tanto como tú, “Radio Atalaya”.

Otra etapa especial fue en el año 1982, cuando viajábamos a la mitad de los pueblos de Los Pedroches. Me contrataban para que jugáramos partidos amistosos con ocasión de su feria, y me pagaban, siempre con mi querido “Zoleja” y su viejo autocar lleno de kilómetros. En estos partidos mi consigna a los jugadores, incluido yo que jugué en más de una ocasión, era la siguiente: “Vamos a jugar un 4-4-2 elástico, tocando y disfrutando, pero lo más importante es que tenemos que meter un gol menos que el contrario, o lo que es lo mismo, perder siempre, porque así cobramos el dinero, al autocar no le pasa nada, y además podemos ir con tranquilidad a ligar a la discoteca. Si ganamos nos hartan de palos, no cobramos, momentáneamente, nos rayan el autobús y de ligar ni soñar”. ¿Ustedes que hubieran hecho en mi lugar?

Por falta de espacio, me dejo varias anécdotas más, pero lo más importante es lo mucho que compartimos, lo que nos queríamos y también alguna que otra bronca fuerte que tuvimos, fruto de la propia confianza que manteníamos.

Quiero transmitir a su mujer, hijas y familia en general mis condolencias, y decirles que para mí, Pedro “El Zoleja”, siempre estará vivo en mi corazón y mente, porque lo que vivimos en aquellos años a través del fútbol, es muy difícil que en Pozoblanco se vuelva a repetir. Hasta siempre amigo “Zoleja”, de parte del Carda de “Radio Atalaya”. 


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