La cultura del capricho y la cultura del esfuerzo

Una vida es como una casa. Uno tiene que hacer muchas obras en su interior para construirse por dentro. La fachada es lo que menos ocupa. Las obras están realmente en el interior de cada uno. Exactamente igual que en las casas. Para dar luz a tu vida tienes que encender las habitaciones una por una.

Una vida no se construye en un día. Lo haces poco a poco. Y para ello es necesario mucho esfuerzo. Los padres saben, por experiencia propia, que la clave está en educar en la cultura del esfuerzo. Así los educaron a ellos. ¿Por qué no lo hacen con sus hijos? Hemos acostumbrado a los niños a tener sin hacer. ¿Para qué trabajar si tenemos lo que queremos sin hacer nada? Desde los seis o siete años, mi padre comenzó a llevarme al campo los festivos y fines de semana. Hacía las pequeñas labores de un niño de esa edad. Muchas tardes hubiera preferido quedarme con los amigos o viendo las películas de la sobremesa, pero tenía que irme al campo con los animales. No obstante, con el paso del tiempo, te das cuenta de que esos trabajos fueron importantes. Te enseñaron a afrontar la vida de otra manera. No ganaste dinero con ese trabajo pero sí cultura del esfuerzo. Es más importante ser que tener sin más.

Página 2 del nº 101 del Semanario La Comarca (04/02/2017).


Uno se prepara para trabajar desde edades muy tempranas. La cultura que estamos enseñando es la cultura del capricho y no la cultura del esfuerzo. Es más cómodo darle veinte euros a un niño para que se vaya de paseo con sus amigos que hacer que se esfuerce en realizar una tarea de casa. No tienes que aguantar sus protestas y sus enfados infantiles. Sin embargo, el resultado final no es el mismo. Puedes hacer a un niño comprometido o caprichoso dependiendo de si le pides o le das. A los niños hay que darle pero también pedirle cosas para que se acostumbren a hacer y ser válidos. Si no, estamos creando a seres flojos y perezosos. A mi padre le costaba levantarme un sábado a las seis de la mañana. Muchas veces me dejaba en la cama pero otras no. Lo hacía porque sabía que para conseguir algo había que levantarse. Yo lo agradecía y me sentía realizado cuando volvía del trabajo. Además aprendía que las cosas había que ganárselas trabajando como hacía mi padre.

La vida es construir porque llegarán muchas cosas para las que tienes que estar preparado. Llegará el matrimonio, los hijos, las cosas buenas, las no tan buenas, las desgracias, los contratiempos. Y el único camino para sacar todo adelante es el trabajo y el esfuerzo. Los caprichos de un niño no tienen nada que ver con lo que viene después. Sabemos que la vida adulta no es un capricho por lo que no tiene sentido hacer seres caprichosos.

Gracias al tesón de muchos padres y madres de antes pudimos estudiar o tener una vida mejor. Esto ahora lo dices y suena a palabrería barata porque los chicos tienen que verlo y no oírlo para que se den cuenta.

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