El ocaso de las tabernas. Casa Matías

ARTURO LUNA BRICEÑO


Reza un dicho popular: Yo no voy a misa porque estoy cojo… a la taberna poquito a poco”.

Pozoblanco, a lo largo de su historia, se ha comportado como una duna viva que mueve el viento y avanza sus lenguas de arena ocultándolo todo y dejando a pinos, de más de diez metros de altura, que solo asomen su copa verde para dar testimonio de lo que fueron en un tiempo. En nuestro pueblo es el tiempo, en su avance implacable. el que ha ido marcando las pautas de la destrucción, la sustitución o el olvido. Y por adaptarse, al devenir de los días y los años, son muy pocos los edificios que han perdurado y los negocios que han permanecido. Todo ha cambiado y todo parece estar de manera provisional de cara al mañana; como si mi pueblo tuviera espíritu de decorado.


Matías enseña su taberna orgulloso de ella.


En las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada se preguntaba que cuantas tabernas existían:” A la vigésima nona pregunta dijeron que en esta Villa no hay casa destinada para taberna pues es libre a los vecinos cosecheros la venta del vino por menor en sus casas y lo mismo algunos vecinos que se emplean en comprarlo por mayor y después lo venden en sus casas por menor”.

Este tipo de taberna bodega se conserva prácticamente como fue siempre. 


No sabemos cuántas casas de cosecheros eran lugares donde la gente se juntaba a refrescar medios de vino. Si conocemos que las viñas eran la quinta parte de las tierras de secano. Se citan 34 pagos y tres majuelos. Todos ellos situados en tierras de los ruedos del pueblo y que desaparecieron a principios del siglo XIX, cuando las cepas fueron atacadas y destruidas por la filoxera. Y debió ser entonces cuando surgieran las tabernas tal y como han llegado hasta nuestros días.


Casa Matías es una taberna ubicada en una casa típica de la arquitectura popular de Los Pedroches.


Dos tipos de taberna con bodega eran las que se repartían gustos y clientela en Pozoblanco. Las dos solían vender vino blanco, porque hasta bien entrado el siglo XX no se empezó a consumir vino tinto. Unas vendían vino manchego que era traído en el tren en toneles de 16 arrobas y lo vendían directamente de la cuba. Las otras, con mejor fama y más apreciadas, eran las que vendían vino de Villaviciosa, que traían en pellejos y más tarde en garrafas de cristal, que ellos mismos trasegaban a las “pipas” que son toneles de 32 arrobas de capacidad. Cada taberna tenía sus soleras y madres, y su vino tenía sabor, olor y color propio.


Fachada y entrada principal de Bar Matías.


Casa Matías pertenece a este modelo de taberna bodega y su dueño la conserva tal como fue siempre. Sigue elaborando su vino y facilitando el ritual de saborearlo en el marco incomparable de una casa típica de la arquitectura popular de Pozoblanco. Casa dotada de las bóvedas de cuatro puntos. Arte de viejos alarifes que sabían estructurarlas y construirlas. Hoy, salvo algún viejo maestro, es difícil de encontrar artesano que las haga.

Matías ha convertido la vieja taberna en un museo de costumbres, donde carteles taurinos de la ferias de Pozoblanco compiten con piezas de madera del arte de colodros, venencias, trampas para pájaros y otros utensilios que el tiempo dejó obsoletos.

La vieja taberna se ha convertido en un museo de costumbres.


Orgulloso de la herencia recibida, Matías dice que mientras el viva y pueda no la venderá y la conservará en la mayor pureza posible. La enseña como quién tiene una joya y está orgulloso de ella. Y desde aquí recomiendo a los que les guste la cultura popular de Pozoblanco se acerquen a contemplar este reducto que la piqueta no destruyó y el cemento no invadió. Y de paso degusten el vino de los viejos toneles. 




1 comentario :

  1. Cada vez que deseo enseñar El Valle de los Pedroches, por aqui es por donde empiezo.

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