El comercio

EMILIO GÓMEZ
(Periodista)

Antes, para vender tenías que valer. Si no, no te comías un pimiento. Eran los comercios antiguos, mucho antes de que aparecieran las tiendas sin mostrador. Comprar la comida era cosa de la madre. No se iba al comercio en familia como ahora se hace. No sabías si los refrescos estaban al fondo o al principio porque te los daba el dependiente. Antes las tiendas tenían largos mostradores donde los dependientes despachaban desde el otro lado.

Hoy no sabemos vivir sin esas grandes tiendas donde encontramos de todo. Una nueva manera de consumir. Podemos comprar a las nueve y veinte de la noche o por la siesta que no cierran. No solo eso, sino que nos ofrecen productos para meter en el microondas tres minutos y a comer delante del televisor. Todo más fácil, más cómodo y más rápido.



Lo peor es que se perdieron los tenderos de toda la vida que eran vecinos, amigos, consultores sentimentales, sociólogos y psicólogos. Antes nunca comprabas en silencio. Unos te hablan de la meteorología, otros del partido del domingo y de los chascarrillos del pueblo. Ahora compras solo. Las tenderas vestidas todas igual son en su mayoría cajeras o reponedoras. Todo está controlado pues no hay que tener una libreta de rayas para saber lo que falta pues al pasar un artículo por caja, el sistema informático toma nota de que hay que pedir otro nuevo. Nada que ver con las antiguas cajas registradoras de entonces.

El comercio de barrio está en peligro. Muchas incertidumbres y amenazas lo rodean. Las compras en grandes almacenes, los pedidos internet y los impuestos. Posiblemente puede ser el peor momento. Es una pena los locales de tiendas vacías que tienen colgado el ‘Se alquila’. Nos dicen es “que las calles están cada día más solas”. En parte, todos somos culpables pues para qué vamos a salir a la calle si compramos por internet. Se nos terminan las excusas para dar una vuelta por las calles del comercio de nuestros pueblos. No sabremos la vida que nos han dado nuestras tiendas hasta que las vayamos perdiendo.

Cada vez menos sale la gente para comprar por las calles del comercio tradicional. Por fortuna, la gente sale aunque sea en ropa deportiva para hacer running. 


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