Canciones tristes y el cajón de los discos de los olvidados

EMILIO GÓMEZ
(Periodista)


Un día a Neruda se le ocurrió escribir “si nada nos salva de la muerte, que el amor nos salve de la vida”. ¿Se puede decir más en tan poco? Hay gente a la que le puede y le mata para siempre el amor. Recuerdo que cuando ponía música en la discoteca encontraba almas en pena que perdían su corazón para siempre. Corazones destrozados con amores que escaparon. La vida no se acaba en nadie pero muchos la han perdido por alguien. Un vecino mío rompió con su amor, y a la misma vez, terminó con todo. Hasta con su vida. Pasó a esa vida de licores y de callejones sin salida. Es difícil perder un amor, me decía. No sabía que lo decía de verdad. A veces la gente dice cosas que parecen que no son verdad y lo son.

A mí, por la noche en la cabina de los discos, me pedían canciones de amores imposibles, de caricias perdidas y de besos robados. Con la madrugada avanzada era cuando más me atosigaban con las peticiones de canciones tristes. ¿Y qué encontraba en el cajón de los discos olvidados? Música y letras que hablaban de sentimientos iguales. Los tristes de la madrugada se identificaban con canciones que parecía que retrataban su propia vida. Creían ser los protagonistas de una canción de amor o más bien de desamor.



Uno no se enamora cuando quiere y mucho menos puede desenamorarse cuando desea, me comentaba el más triste de los tristes de aquellas noches de discoteca. Yo le ponía las canciones que me pedían porque la música y sus letras tienen algo mágico que les hace relacionarse con la melancolía. En las películas casi todos los amores acaban bien. En las canciones, no. Por eso son más reales. En la vida muchos cosas no acaban bien y otras, ni empiezan si hablamos de amor.

Como decía un tema de Bosé que compartió con Pablo Alborán ‘Hay muchos corazones que no saben qué hacer con su herida’. Nadie hace caso a los perdidos por el amor, a los que se abandonan por un sentimiento. Parece una tontería pero no lo es, sufren y mucho. Hay mucha gente que pierde la vida en la carretera o se queda con muchas secuelas. Pero hay también mucha gente que una separación o ruptura amorosa le causa tanto dolor que pierde el rumbo de su vida y en ocasiones hasta la vida misma. Si el amor existe, y es verdadero, las cosas van surgiendo solas. El amor no es destrucción. Si lo es, destrucción, ya es otra cosa. Pero hay gente que se autodestruye en un amor.

En la cabina de una discoteca se observa todo y hasta se adivinan los que están enamorados de los que no. He conocido historias de amor que han durado tres fines de semana y otras que todavía duran. Hace mucho tiempo que no pongo música pero no puedo dejar de olvidarme del rincón en donde estaba el cajón de discos de los olvidados. De allí sacaba aquellos temas para tristes en esas madrugadas eternas.

La vida, a su modo, se escribe sola, les decía yo a ellos en aquellas madrugadas con un disco de Sabina sonando de fondo; “Y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido…”. 



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