Once..., veintidós, treinta y tres

DIEGO GÓMEZ PALACIOS


U once mil, si partimos de los años cincuenta y comparamos con la actualidad. En aquella década yo pasaba cuatro veces diariamente ante un ciego total al que algún familiar colocaba a 1ª hora de la mañana y lo retiraba al final de la jornada, o sea, de sol a sol y en invierno un par de horas después del ocaso, en su lugar habitual: acera para paso de peatones junto a la barrera del paso a nivel de RENFE entre los jardines de los patos y barriadas de Las Margaritas, mitad de la Huerta de la Reina, Huerta de Mª Luisa, Patronato de S. Rafael y Colonia de la Paz. Frio, calor, sol, sombra, lluvia… y él reiterando su cansino pregón: Para hoy…, el premio me queda.

¿Cuándo come, cuando bebe, cuando mea, cuando etc., y dónde? En mis cuatro pasos diarios por aquel punto, siempre estaba allí y sentía lástima por él. Obviamente los actos antedichos los llevaría a cabo fuera de su jornada laboral, aguantando más que un buzo.

La contrapartida de esta situación, para mí penosa, la tuve simultáneamente en mi barrio, Colonia de la Paz. Tenía un vecino ciego, tres años más joven que yo, que nos identificaba por la voz; cuando lo saludaba al cruzarnos me decía: Diego, llevo mucho tiempo sin verte. También sin ver a tus hermanos…, y me los nombraba. Se me ponía el vallo de punta. Esto lo hacía con todos los vecinos. ¡Increíble! A mi amigo Fernando, que así se llamaba, por intersección de un familiar funcionario de la Diputación, lo acogieron en la ONCE y años después siendo aún muy joven, pasó a ocupar un cargo directivo en Madrid. Era un tío que se salía de listo y buena gente.

Cuando la EXPO-92 pasé dos veces por el pabellón de la ONCE, en una de ellas coincidimos y tuve la satisfacción de abrazarlo. Había un libro de visitas para que cada visitante escribiese allí lo que quisiera. En la 1ª ocasión escribí: Ojos que no ven, corazón que siente más y la 2ª vez puse: Los ciegos sois personas con mucha vista.

Juego un par de cupones a la semana y otros dos o tres en los sorteos extraordinarios; me toca un par de reintegros al trimestre. Juego más que con la ilusión de que me toque, con la de contribuir a fin social.

Ahora tras la coba justa y necesaria, paso a dar la leña, también justa y necesaria: Hace unos meses me quejé por escrito bajo el título: Porqué tanto dinero, de la excesiva cuantía de los premios. Ahora reitero e insisto en mi queja, debieran ser muchos más premios más pequeños con el mismo total; pero además añado: Publiquen en la prensa diaria todos los números premiados al igual que hace la Lotería Nacional. Hay quien se mosquea al oír decir a la maquinita: NO PREMIADO, no se fían. No tenemos porqué pasarlas canutas para conocer los premios de los viernes y de los sorteos extraordinarios, aunque todos deriven de los tres primeros, los 77.570 (más 630 reintegros). Tampoco estaría de más, sino al contrario, que los números premiados salieran, uno a uno del bombo, no apiñados en torno a los gordos.


Tengo más cosas, pero termino: Quienes compramos los cupones, somos la base de este tinglado. Procure la ONCE que tengamos ilusión por la acción social, tanta o más que por lo lucrativo.


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