Los Reyes Magos, una ilusión invencible

EMILIO GÓMEZ
POZOBLANCO


Los  Reyes dejaron muchos regalos. Como cada 6 de enero, la ilusión entró en nuestras casas mediante la magia de estos magos. Los esperábamos  con leche y galletas en el salón entre pequeños zapatos ordenados. Estaba la noche encima del sueño de los niños.  En la noche del 5 de enero, cuando apagamos la luz de la habitación, nos fuimos quedando dormidos encharcados de fe en el día más grande del año. Todo niño espera cosas para el Día de Reyes. Hasta los niños grandes que peinan canas. Ventanas abiertas  a la noche mágica y la quietud de dormitorios en penumbra, esperando sin más que el día siguiente estallara.



Amaneció. La mañana recorrió las almohadas.  Los niños se levantaron y estaban ahí sus deseos. Los Reyes habían pasado dejando peluches, caravanas de las Barbie, tablets, princesas Disney, Monopolys, camiones de bomberos, tractores, juegos de construcciones, hadas voladoras, Superhéroes, el Star Wars, Lego Cazafantasmas.


























El Día de los Reyes Magos es el día de ellos. Su alegría, sonrisas,  las caras con las que abren sus regalos y  la felicidad que transmiten. Es el retrato de la ternura. Llenamos los párpados de miradas observando sus reacciones y sus ilusiones. Una geografía de caricias dentro de nuestra alma.
Merece la pena  ser padre para vivir estos momentos. Una ilusión invencible. Cuando un niño es feliz, es como si el mundo entero lo fuera. Ayer lo fueron. Para ello se dieron cita el misterio, los milagros, las sonrisas, los te quiero, las caricias, los besos, los deseos cumplidos, el bullicio, los gestos, las miradas….y muchas cosas más. Lo importante no solo son los regalos, son lo que lleva detrás cada uno de ellos. Y a quién. Los Reyes son fantásticos pues siempre regalan con el alma. 

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