El último gran taller de las artesanías textiles de Los Pedroches

ARTURO LUNA BRICEÑO


Este taller se encuentra en la que fue la Escuela Hogar que regentaban las denominadas “Monjas de Doña María Jesús” en Villanueva de Córdoba.


Sala textil Villanueva de Córdoba.


Los tejidos tradicionales de los Pedroches estaban elaborados en telares anchos: bayetas, velartes y paños finos que se tejían con peines que iban desde veinticuatro hilos hasta los treinta y seis por palmo. Avanzando de acuerdo a lo tupido del paño, en números pares: veinticuatreños, veinteseseños, veinteocheños, treintaseños, treintaidoseños, etc. Todos ellos elaborados de acuerdo a las Ordenanzas que dio la Reina Juana la Loca en 1511. Existían, otros telares, denominados angostos, que solo podían utilizar peines con un máximo de veinte y dos hilos. El paño denominado basto y de menor trama, era la estameña, jerga o borra que se tejía con peines de catorce hilos.

En cuanto a la seda hay noticias de cultivo de hoja de moral en Alcaracejos y en Pozoblanco, pero no se tienen datos de que se hilara la seda en ninguna de estas dos Villas. También existen documentos que dicen que se sembraba, beneficiaba, hilaba y tejía el lino. Principalmente en Villanueva de Córdoba. Pero de lo que no se conoce existencia es de telares de alto lizo, que se usaran en las Artes Mayores de los Tapices y las Alfombras.

Telar de bajo lizo de tres tramas para colchas.


De las artesanías auxiliares de la lana y el lino, sabemos que las técnicas del tinte y de los tundidores, tenían excelentes maestros, algunos de ellos procedentes de Francia y Flandes.

El taller de la Escuela Hogar de Villanueva estaba preparado para tejer en las Artes Mayores y menores del textil. Quizás donde menos consistencia tuviera, es en los telares de bajo lizo de lana. Aspecto entendible, porque cuando se montó este taller, por la década de 1940 a 1950, aun trabajaban en los Pedroches una treintena de tejedores con sus telares seculares.

Telarillo de seda.


Es el taller de hilados, tejidos y manufacturas textiles más importante de los que yo había visto hasta ahora. Estaba diseñado, y aún se conserva en buen estado, para hilar lino, seda y lana. Tejer toda la gama de tejidos que se quisieran, desde los fajines de algodón que se utilizaban para sujetar el cordón umbilical de los recién nacidos, hasta un tapiz de seda y lana de más de treinta metros cuadrados.

Está ubicado en una amplia sala abovedada, típica de las construcciones antiguas de los Pedroches. La sala debía de estar prevista de antemano porque la bóveda es más alta que las usuales en las casas antiguas. Ojival y de cañón. También lo son los muros, que dan al patio y a una calle de la parte trasera del convento. En las paredes existen grandes ventanales, que inunda de luz la sala, elemento imprescindible para un taller de hilados, bordados y tejidos. La estancia tiene dos espacios, uno rectangular y de mayor longitud en que se ubican dos grandes telares de alto lizo y otro de bajo lizo, de los denominados anchos, preparado, con una cárcel de seis pedales que mueven seis marcos de agujas sobre los que pasan los hilos de la urdimbre.

Telarillo de lienzo toallero.


Dando a los ventanales del patio, otro espacio cuadrado de unos treinta metros en el que están los telares menores, dos de los denominados de lienzo con una anchura de un metro, y dos telarillos preparados para hacer cintas, cinchas, ribetes y vendas y como los anteriores, capaces de tejer lana, seda, algodón y lino.

El taller, en todas sus actividades, funcionó en los años cuarenta, y hay vecinos de Villanueva de Córdoba que recuerdan que las alfombras de lana, que existían en la Iglesia de San Miguel, se hicieron en estos telares.


Esta sala sería un buen recinto para instalar el gran museo de los textiles de los Pedroches. Un lugar donde poder recobrar la memoria de lo que fue esta industria y a la vez traer de nuevo las artes de beneficiar, hilar y tejer la lana en todo su universo.


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