El mundo ya era perfecto hace mucho tiempo

A menudo oigo a gente preguntarse “¿cómo podrían vivir así?”. Se refieren a modos antiguos de vida. Es difícil imaginar una vida sin los lujos de ahora. Nunca los lujos fueron tan necesarios. Se busca la perfección. Ordenadores inteligentes y perfectos, móviles de bolsillo que lo tenga todo para hacerte feliz, coches a los que no les falta un detalle y perfumes que guarden las mejores  fragancias del planeta.

Podríamos imaginar que estamos creando un mundo perfecto. No es cierto. El mundo ya lo era hace mucho tiempo. Estamos en una época en la que la gente se vende a lo comercial, al placer efímero y a perfecciones que no lo son. Es un mundo de apariencia perfecta. Por dentro no lo es tanto. Hemos cuidado el aspecto exterior de la vida y no tanto el interior, los sentimientos. ¿Y qué nos queda? Cada vez menos.  Si el lujo moderno es poseer sin más, no es un lujo pues ya todo el mundo tiene de todo. El espacio natural es el único verdadero lujo que tenemos. Pero hay un problema, que no lo vemos y es hora de verlo.

Decía Josep Pla, que un cielo desamueblado y el abismo del silencio era todo lo necesario para vivir. El lujo es poseer lo escaso, ¿no es verdad? Lo que los demás no tienen. Y tenemos un cielo limpio,  un lugar apacible para vivir, lejos del ruido urbano. Y también un paraíso en el que perderse entre silencios. Lo tenemos que poner en valor porque  una ciudad asfixiante, con calles llenas de ruido, contaminación o con coches que nunca paran de pasar, no es un mundo perfecto.

Llevamos años intentando ser ciudad. Para serlo hacen falta tantas cosas. Nos hemos traído la parte fácil de las ciudades, la comercial. Han llegado franquicias, grandes cadena de Supermercados de Alimentación y modelos urbanos de consumismo. Y no hemos conseguido traer lo que realmente genera dinero. Faltan Universidades, industrias y turismo. Se imaginan que hubiera tres o cuatro facultades en nuestra zona. Habría más juventud, se ocuparían más viviendas de alquiler o de hotel, el ocio nocturno sería más boyante y la economía mejoraría. No es lo mismo que se nos vayan estudiantes a que vengan. Más industrias sería más trabajo. Y el turismo. Por ahí estamos tirando o esa es la intención. Para ello hace falta que todos vayamos a una. Desde el camarero que pone la copa hablando al turista de la magia de nuestra tierra hasta el político que realice actuaciones que inviten a visitar nuestra tierra.


La perfección no es un instrumento del  nuevo marketing. La perfección es el deseo de aprender, de innovar, de mejorar. No tenemos que mostrarnos perfectos simplemente como somos. Lo malo es que somos gente de pueblo que vive como gente de ciudad. No hemos aprovechado nuestro patrimonio.

Página 2 del nº 99 del Semanario La Comarca (21/01/2017).



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