Desde mi ventana de Southampton... Os debo esta explicación

MIGUEL CARDADOR MANSO 
(Ingeniero Superior Industrial)


Desde mi primera publicación en este espacio, no han faltado las preguntas del porqué de su nombre. Lo que ha desencadenado diferentes versiones cómicas en los intentos por pronunciar esa ciudad situada al sur de Reino Unido de la cual, si os digo la verdad, hasta yo mismo sigo sin saber si lo perfecto es ‘Sauzampton’, ‘Sautjampton’ o ‘sauzjampton’.

Lo primero que debo confesar es que el nombre definitivo lleva la firma de mi padre. El tiempo me ganó la partida sin haber meditado por mí mismo un nombre lo suficientemente simbólico para transmitir mi ideario en estar líneas. Pero sin quererlo, o con toda la intención, este no puedo ser más acertado. Pues aquel primer artículo fue escrito desde el escritorio de mi habitación de Southampton con vistas a la calle “Charlton Road”. Mirando a través de ese típico y amplio ventanal de la casa inglesa intentaba encontrar una visión de nuestra querida Comarca de los Pedroches con la que inspirarme.

Lo que si tuve claro desde el inicio es que esta sección formaría un perpetuo homenaje a una generación de valientes con la que España siempre estará en deuda. Al principio de la crisis, en un despiadado intento de endosar al primero que pasaba por allí el alto paro y la precaria situación económica que se nos venía encima, mucho se comentó y analizó de la generación “ni-ni”, los ni estudian ni trabajan. Y poco se hablaba de otros jóvenes y adultos con o sin estudios que tuvieron que echarle dos cojones a la situación y marcharse de su tierra, su casa, su familia y amigos a trabajar, en la mayoría de los casos, en lo que nadie quería en otros países. En pocos meses, las singularidades de la vida nos hicieron pasar de recibir inmigrantes a despedir emigrantes.

Así que cada semana, cuando decido abrir esta ventana, intento airear los temas de nuestra sociedad teniendo en mente a estas personas con nombre y apellidos, algunas de ellas cercanas, y todas con una historia que contar. Ellos son amigos como David Calero Rodríguez, un ingeniero insuperable cuya retribución en España era inferior al valor de su gran talento. O Nassin Duque Muñoz, que tuvo que irse hasta Reino Unido para trabajar como enfermero, pasando antes por otras labores menos gratificantes. Ambos fueron de los pioneros en marcharse tras finalizar sus carreras y no encontrar aquí la tierra prometida laboral de la que tanto habían escuchado hablar.

A otros, en cambio, los conocí en el “destierro”. Mis compañeros de casa Carlos Aranda Olid, Félix Caballero Sietehumildes y Jordi Cano García-Arquimbau. Ese variado “Séquito” que se convirtió en familia. Los tres marcharon entre la emoción de vivir la aventura inglesa y la necesidad de un trabajo que aquí no podían hallar. O Jose “el valenciano”, quien curiosamente llegó el mismo día que yo tras decidir abandonar su empresa al no ver su futuro muy claro en esta.

Luego están los que se han marchado tras mi regreso, como mi buen amigo Miguel Nuñez Timermans, con la esperanza de mejorar el inglés para poder optar a una vuelta más honrosa. Y por último, tampoco olvido a los que tienen que emigrar dentro de España. Por ejemplo, abandonando nuestra querida Andalucía la cual, a pesar del enorme valor de los nacidos en ella, sigue estando la última en demasiadas cosas.

Por todos ellos, dentro de mi gran suerte de poder volver y establecerme de momento en Sevilla, no he cedido a cambiar el nombre de la sección a pesar de las innumerables ocasiones en las que me han sugerido hacerlo. Mientras perdure este espacio, siempre será mi sincero homenaje para esos miles de españoles que en fechas tan entrañables como estas, y especialmente en la noche de hoy, tendrán difícil sentarse a cenar junto a sus familias al igual que a mí me ocurrió en la navidad de 2014. Quizás, con suerte, algunos puedan volver para fin de año o reyes. Y muchos otros, ni siquiera podrán volver un solo día.

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