Miguel Bajo será nombrado presidente de honor

EMILIO GÓMEZ
POZOBLANCO


Este domingo, antes del partido ante El Pinzón,  se nombrará a Miguel Bajo Escribano presidente de honor del C.D.Pozoblanco. Bajo fue presidente del Pozoblanco en la década de los 80 donde el club vivió años gloriosos. El ascenso a Tercera, las primeras participaciones en la Copa del Rey, la Copa de la liga. El fútbol era una pasión generalizada, la gente hablaba en los bares del partido del domingo, se sabía de memoria la alineación del equipo, el campo se llenaba.

Hasta 4.000 aficionados iban al antiguo Virgen de Luna, algo impensable ahora donde van 200 ó 300 aficionados a los partidos. Antes solo había fútbol y no se practicaba deporte como ahora. Miguel Bajo confió en Juan Ríos, quien estuvo once años en el Pozoblanco. Eso solo lo hacen los equipos ingleses con sus entrenadores. En el mandato de Miguel Bajo  se produjo el cambio al Polideportivo Municipal que fue como una bendición al poder jugar en césped en 1983. Decía un filósofo del fútbol que “hay dos tipos de espectadores; aquellos que aman el fútbol y aquellos que aman la moda o el fenómeno social. Estos últimos son los peligrosos”. El fútbol era una fenómeno de masas en su primera época en el club. Representaba el medio de ilusiones masivas y constituía el motivo principal de alegría (cuando se ganaba) o de amargura (cuando se perdía) para centenares o miles de personas que acudían al campo los domingos.



Su primera época como presidente fu larga y brillante. Duró hasta 1988.  Mucho más  fructífera que la segunda etapa a finales de los 90 donde no pudo repetir los éxitos cosechados en su primera época.
El Pozoblanco aparte de nombrarle presidente de honor, le hará entrega de una placa en los prolegómenos del encuentro. Con este nombramiento se rinde homenaje al fútbol de otro tiempo. No resucitaremos el ambiente de euforia e ilusión que había en la calle por el fútbol. Eso era un patrimonio de incalculable valor que hemos ido perdiendo a la largo de los años. El mismo Miguel Bajo pudo ver en su segunda época como ese ambiente se había evaporado. Los jugadores dejaron de ser ídolos, los campos perdieron ruido, los goles volumen y los seguidores desertaron. ¿Mató todo eso el fútbol de los grandes de Primera División? Pues sí, en parte. En su mayor parte. El fútbol dejó de ser un fenómeno social a nivel local y se fueron los que se apuntan a las modas.

Ahora los campos están semivacíos en las categorías amateur. Es cierto que faltó a los clubes renovarse y hacer autocrítica. A muy pocos entrenadores y presidentes les gusta que le expliquen o le comenten la derrota de su equipo. Es algo que duele pero de las derrotas se aprende y se explican. No se comprendió que el fútbol es un fenómeno cultural. Si no se habla de fútbol, no existe. Y si solo se quiere que se hable cuando se gane, se limita hasta que se pierde por el sumidero.



El fútbol va más allá de noventa minutos. No solo es el acto de los once jugadores peleando en el campo. Es mucho más. Una fiesta colectiva, un comentario en el bar, una victoria, una cosa increíble, un penalti que no se pita, dos modos de ver un mismo partido. Y también tiene sus personajes. Los principales, los jugadores. No solo el fútbol es de ellos. También está el espectador, el entrenador, el utilero, el directivo, presidente, el periodista, el socio, el jugador juvenil que despunta, el empresario que patrocina, el preparador físico.

Todos ellos estarán este fin de semana de acuerdo en que Miguel Bajo sea nombrado presidente de honor. Le gustaba el fútbol más que comer con los dedos. Lo vivía y lo sentía. Puso dinero para salvar al club en sus dos épocas como presidente. Las deudas se saldaron poniendo el dinero de su bolsillo.

La leyenda más romántica del fútbol en Pozoblanco sucedió en los años 80 cuando él era presidente. ¡Qué tiempos! Nunca el fútbol en Pozoblanco reunió a tantos aficionados. Nunca el fútbol reunió tanta pasión en un domingo. Posiblemente nunca volverán esos tiempos.

En el mural sentimental de mis recuerdos de niño, está el Virgen de Luna abarrotado, cuando la gente iba con radios de mesa  al campo para escuchar lo que ocurría en los campos de Primera. En ese mural está un gol de Coco, una asistencia de Rojas, los marcadores de madera. Y, por supuesto las camisetas de lino de 11 gladiadores que se dejaban la piel en el campo. Sin olvidar las colas que se formaban para entrar al campo y la fiesta con el gol cuando metía el Pozoblanco en la portería de la carretera donde detrás de ella siempre estaba yo.


Enhorabuena a Miguel Bajo. Ese fútbol de antes no debe de caer nunca en el olvido.





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