Los pobres de hoy en día son los jóvenes, a pesar de su preparación

Teníamos la confianza de que nuestro país era un sitio maravilloso. Lo era y lo es aunque nos lo pintaron de otra manera. La vida nos ha ido arrastrando a una trampa. Nos comentaron que estudiar una carrera suponía trabajo el día de mañana y no es así. El fracaso escolar es evidente. Y lo es por el pobre sistema educativo y porque los jóvenes no ven las salidas que les prometieron.

Hay crispación, pero sobre todo mucha amargura. Se han roto muchos sueños a medio construir. No lo esperábamos. Hay muchos deseos sin cumplir. Es duro perseguir sueños que nunca se cumplirán. Si estudias algo es para ser algo. Y no es así. Sólo el 40% de los universitarios tiene en España un trabajo acorde con sus estudios. Y la tasa de paro entre los titulados es de las más altas de Europa. Los nuevos pobres de hoy en día son los jóvenes. Una sociedad con una juventud pobre es una sociedad condenada. Ser la generación más preparada y no poder hacer lo que sabes, es como tener el carné de conducir y no tener coche.

Se dice que tener un trabajo es un privilegio. Es algo sagrado pero a la vez debe ser la fuente de realización de uno mismo. Si uno no se siente a gusto con lo que hace, no puede encontrar la felicidad interior. Pasamos muchas horas en el trabajo y gran parte de nuestra vida. Un tiempo infinito para el que no siente lo que hace y efímero para el que se identifica con su actividad.

Elegir la comodidad nos ha hecho que todos busquemos el mismo trabajo. La vida de hoy tiene mucho de corta y pega. La vocación ha estado, en la elección de muchos jóvenes, por debajo de la comodidad (vocación débil). En muchos casos no ha habido sueños, esperanzas, esfuerzo. En otros casos sí. Esos son los casos que nos duelen. Ha sido un poco de todo lo que nos ha llevado a esta situación. Era fundamental estar vigilantes a los poderes públicos. No se hizo. Y pasó lo que pasó. Se lo han llevado todo por delante y solo nos quedaron las promesas pendientes (que son mentiras pasadas). La culpa fue nuestra por creer sin más. La esperanza está en levantarse. Lo hicieron nuestros padres y abuelos. Fueron generaciones que se sacrificaron mucho y sin los conocimientos que tienen las nuevas generaciones. Se ha perdido esa valentía que había.

Se ha perdido ese espíritu que conmovía almas y conciencias para salir adelante. Se ha perdido la cultura del esfuerzo. La fe en el futuro la han abandonado o se la ha quitado esta sociedad. No es fácil ser joven en los tiempos que corren. Futuros inciertos, estudios que no terminan en trabajo, horizontes con color grisáceo, burbujas explotadas y derechos pisoteados. Y luego está el imposible vivir sin móvil, sin ADSL o fibra óptica, sin tarjeta para renovar la ropa del armario. Todo es un imposible en un mundo material donde a nadie le interesa lo pequeño de la vida o no sabe pasar sin esas cosas que ha tenido siempre. No es problema de los jóvenes. Todo lo contrario. Es a lo que le enseñaron en casa, a tenerlo todo. Ahora no se le puede quitar. El problema es importante. Nuestros mayores estaban enseñados a pasar sin esto y sin aquello. La generación de ahora es diferente. No se puede ir al campo y vivir sin estar conectado. No puede ir a contracorriente de una sociedad exigente y egoísta.

Y lo importante es que si no hay espacio para el trabajo de los jóvenes nada marchará bien. Ellos poseen el espíritu joven. Los que realmente pueden consumir son ellos. Sin ellos, todo está sin luz. Nada se mueve y nada cambia. Las sociedades tienen que cambiar y el cambio lo trae la gente joven por mucho que otros traten de decir lo contrario.

Página 2 del Semanario La Comarca nº 88 (sábado 5 de noviembre de 2016).


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