Hay futuro en Los Pedroches siempre que vayamos unidos con un plan común

EMILIO GÓMEZ 
LOS PEDROCHES


Estamos en una época en la que los pueblos compiten contra muchas cosas y contra sí mismos. Esta semana acudí a una de las jornadas de las mesas sectoriales que organiza el Ayuntamiento con una consultora que al parecer trabaja el tema de la transparencia, y también estas mesas sectoriales para diseñar un plan estratégico de ciudad en Pozoblanco.

Todo dentro de la participación ciudadana que está muy bien y es muy de marketing. La idea es buena y la intención también. Tenemos que trazar el camino de lo que queremos ser pero desde la realidad. No corren buenos tiempos para las poblaciones de pocos habitantes. El 55 por ciento de la población mundial actual reside en grandes áreas urbanas y se prevé que para 2050 llegará al 68 por ciento. La persistente preferencia de la gente joven de mudarse de áreas rurales a otras urbanas alberga preocupación en el futuro de los pueblos. Solo hay que mirar en nuestra casa, calle o barrio y ver cuántos jóvenes se han ido fuera. El equilibrio entre poblaciones rurales y poblaciones urbanas ha cambiado irreversiblemente hacia la preponderancia de las ciudades. El traslado de la gente hacia las grandes ciudades se multiplica irremediablemente.

Decía Fernández Wagner que la migración a los centros urbanos se da porque cambiaron las relaciones con la tierra y la gente ya no vive de lo que la tierra produce. Algo que podíamos trasladar a nuestros pueblos. En los últimos siete años, hemos bajado en más de 2.000 habitantes en Los Pedroches. En Pozoblanco se ha bajado en 289 habitantes. Además hay que tener en cuenta que hay muchos jóvenes que están empadronados aquí pero residen fuera (estudiando o trabajando). Es cierto que la natalidad ha bajado. Nuestras madres y padres; tenían tres, cuatro o más hijos porque ni se planteaban como los iban a mantener. No costaba tanto mantener un hijo. Ahora con todos los gastos y lujos que tiene un niño, la gente se lo plantea. Además también nos hemos vuelto más cómodos.

Otra cosa que hicimos es abandonar los campos. El número de explotaciones agrícolas y ganaderas en la zona ha bajado casi a la mitad en los últimos 20 años. No debemos olvidar, en Pozoblanco y en Los Pedroches, que somos pueblos agrícolas y ganaderos. Covap, la Cooperativa Ganadera del Valle de los Pedroches, es el motor de nuestra zona. Y una bendición. Si no estuviera Covap lo pasaríamos muy mal. Ella nos sostiene.

Nos falta industria, infraestructuras, vías de comunicación, turismo rural e invertir en lo necesario por parte de las instituciones. No es lo que nos puede hacer falta. Es lo que nos hace falta en realidad. Es cierto que lo de las vías de comunicación es un arma de doble filo. Mientras mejores son las carreteras, más gente compra fuera. Todo esto al no tener esa conciencia de mirar por lo nuestro. En nuestras casas deben de entrar los productos elaborados aquí. Aparte sabiendo que son de calidad.

Los recursos, que tenemos o que podamos tener, los debemos de utilizar en beneficio de nuestros pueblos y de nuestra gente. Y los tenemos. Lo primero sería hacer un proyecto conjunto de Los Pedroches donde cada actor (cada pueblo) asuma su papel. Eso sería aunar a la gente de la zona. Eso sería iniciar nuestro desarrollo que pasa por ir de la mano. Tenemos que aprovechar lo que aquí tenemos, estar orgullosos de lo nuestro, comunicar lo que aquí poseemos dándolo a conocer interiormente y exteriormente. Conseguir el desarrollo del turismo sostenible aprovechando los recursos naturales que tenemos, el cerdo, jamón, aceite, lácteos, y aprovechar el hecho de ser una de las zonas con menor contaminación lumínica… Y contar con la calidad de las personas.



Los actores del proyecto de Los Pedroches son los habitantes que viven en él. Y esto va desde el actor que está en una cafetería hasta el político que está defendiendo los intereses del pueblo en un ayuntamiento. Hay que transmitir ilusión y nuestra historia y cultura al que llega a visitarnos. También hay que transmitírsela al niño, para que se identifique en el sitio donde vive, haciéndole ver lo que tenemos para que se sienta orgulloso de ello. Posiblemente se nos haya escapado parte la generación de jóvenes que optaron por irse fuera pero hay que trabajar con la siguiente desde abajo.

Esta semana escuchaba que lo primero que hay que crear una marca. No, lo primero es crear la infraestructura para vender esa marca. Y para eso hay que saber quiénes somos, lo que queremos y quien se va a implicar en el proyecto. Trazar esa hoja de ruta para ofrecer calidad por todos los rincones de la comarca. Las inversiones son fundamentales. La empresa privada hay que arroparla para que no sea cobarde a la hora de emprender.

La población de nuestra comarca está muy envejecida y si no actuamos va a ir reduciéndose lenta pero progresivamente. Precisamente la tercera edad es un núcleo de población que debemos de incentivar y tener más en cuenta. Ellos poseen la sabiduría de haber vivido en esta zona, de lo rural que podemos vender y de la historia que tenemos que contar. Hacen falta residencias porque hay muchos mayores. Ellos pueden estar activos en este plan si le damos voz. Es cierto que los mayores consumen menos y si los jóvenes, que son los que consumen, se van o compran fuera, el problema se agrava. Por eso hay que mantener la gente de nuestros pueblos. No es fácil. Hay que ofrecer mucho.

El turismo está visto actualmente como una tabla de salvación en nuestra zona. Es una oportunidad pero ni mucho menos va a ser una salvación a corto plazo. Para que la gente venga a visitarnos y a dejarse el dinero tenemos que saber primero lo que tenemos. ¿Qué patrimonio tenemos para ofrecer? ¿Qué historia tenemos que contar? Y por supuesto, ¿dónde están nuestros encantos? Y luego tener la suerte que la gente venga. La suerte también juega.

Si buscamos ser ciudades con su modelo de ciudad tenemos poco que hacer. Primero porque ellos nos llevan ventaja. Segundo porque ofrecen más cosas al tener más población, más cosas y más alojamientos. Si queremos vender turismo primero tenemos que vender lo que ellos no tienen. Las ciudades no tienen nuestra naturaleza. No son pueblos. No tienen nuestro modo de vida. Ellas ya están descubiertas, nosotros no. Pero para ello nos tenemos que descubrir nosotros mismos.

Hemos perdido en la modernidad un modo de vida tradicional que eso sí era turismo. Oficios tradicionales. Hemos perdido la arquitectura popular con obras hechas al uso de la ciudad. Hemos perdido historia pues muchos de nuestros antepasados se fueron y sus historias no fueron recogidas (porque no le prestamos atención).

Todavía conservamos un bosque de encinas fantástico, un olivar de sierra de cuentos y una zona, por fortuna, no ha sido tocada ni transformada por personas durante siglos. Nuestra zona es una zona virgen y el modelo de ciudad no está tanto en el marketing sino en seguir siendo diferentes con nuestra riqueza natural. Y esa está en nuestras pequeñas tiendas, en el campo trabajando la cosecha y ordeñando, en la recogida de la aceituna, en la conservación de las casas, las cámaras y sus fachadas. Turismo es conservar patrimonio. Turismo no es sólo vender.

Esta semana en las mesas sectoriales decía algún ponente que hay que crear una marca como la de Nueva York. Nosotros no somos Nueva York. Somos un pueblo agrícola y ganadero. Nuestro patrimonio está en el trabajo cotidiano que cada uno hace para ganarse el pan. Nuestro patrimonio es que nuestras gentes conserven las ganas y la ilusión en seguir trabajando en sus proyectos diarios. Nuestro patrimonio sí es apostar por lo nuestro. Nuestros productos queremos que los compren en todos lados pero tenemos que comprarlos nosotros.

Los pies los tenemos que tener en el suelo y el techo en el espíritu de comarca, en la valentía empresarial, en el apoyo institucional y en la educación cultural de los actores de este proyecto que somos los habitantes de Los Pedroches. No podemos crear un plan estratégico solo para Pozoblanco sino debe ser conjunto con toda la comarca. Algo que se tiene que tener en cuenta en las próximas mesas sectoriales. Para que todo funcione no hacen falta recetas milagrosas (no las hay) solo en creer en nosotros mismos y caminar unidos. Nosotros no somos Nueva York o Boston. Eso queda muy lejos. Nosotros somos diferentes. Ese puede ser nuestro lema.



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