Guerra a los balones

Nuestra historia comienza en otro tiempo. Cada uno en el suyo. El pueblo en el que nacimos es otro. Cambiaron cosas, gente, costumbres. Nuestra historia comienza en la época de nuestros padres y madres. Eran ellos, entonces, jóvenes en plenitud. Las casas y los patios de éstas, eran lugares con mucha actividad donde había herrerías, carpinterías, zapaterías, etc.

La casa era un lugar de trabajo, ahora solo es lugar de descanso, una zona wifi y el rincón de los deberes. Los niños están cargados de tareas que le ponen los profesores y el horario extra-escolar increíble que le ponen los padres por la tarde a sus hijos.

Y luego estaba la calle. Ya no. Antes los niños jugábamos en ella por la tarde y lo hacíamos a todas horas. Eso era antes. La comodidad ha llegado a todos los sectores. En un pueblo de Almería han recogido los balones de las calles. Prohibido jugar al fútbol en la calle. Molesta. “Acabo de empezar la campaña de recogida de balones, este es de la plaza de San Francisco, está arrestado en la Policía Local, he dado orden que de aquí a final de mes tenemos que arrestar diez balones. Señores padres, en las plazas no se juega”, así de rotundo se ha mostrado el alcalde de Albox.



Todo termina. También jugar en la calle. Es cierto que hay que respetar al que pasa por ella, al dueño de la casa donde cae el balón. Eso sí. La calle tiene sus normas de civismo y hay que imponerlas. Antes parábamos cuando pasaban los mayores y luego seguíamos jugando. Lo que no se puede es secuestrar la calle. Sería interesante que este alcalde requisara también las botellas en los botellones. Es cierto que hay pabellones y campos de fútbol. Pero estos están ocupados y solo se pueden utilizar 3 ó 4 horas a la semana. Antes estábamos a todos horas en la calle jugando al balón o a cualquier otro juego. Y cuando no en los descampados o en solares abandonados.



Salían los vecinos de nuestra calle pero se comprendían más las cosas. Nos quejamos de que nuestros niños utilizan el móvil y la tablet todo el día. Sin embargo eso será lo que nos encontremos ahora, niños en el parque jugando al móvil o cazando Pokemons Go. Es lo que fabricamos. Tenemos que compartir el espacio público (niños y mayores) pero no nos ponemos de acuerdo.

Lo que falta es más educación y que los niños jueguen respetando a los demás. Los padres, en vez de tanta actividad extra-escolar, que enseñen educación y civismo. Y que los mayores también respeten la actividad de la calle. Tienen que jugar los chavales (como han jugado ellos en su infancia). Hay que recuperar la calle. No vemos en ellas a un niño cuando antes estaban llenas. Si no salen no habrá ruido. ¿Eso es lo que queremos? Tendrán que ser niños aunque a veces molesten.


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