Desde mi ventana de Southampton... Una enseñanza para recordar

MIGUEL CARDADOR MANSO
(Ingeniero Superior Industrial)


La noticia llegó de forma inesperada. Días antes, nada me hizo presagiarla cuando lo vi pasear junto a su mujer por las calles del recinto ferial. Reconozco que mi primera reacción fue una resistencia a creer, parecida a la de tener que presenciar la retirada de tu ídolo deportivo, o de distinto ámbito, a otros menesteres. Consecuencia de que a pesar de haber pasado diez años desde la primera vez que lo conocí, sigo viéndolo con el mismo aspecto y ganas de aquel día. Pero irremediablemente, “tempus fugit” y todo llega.

El fatídico hecho para la enseñanza y la ciencia, a la vez que muy merecido para él mismo, tuvo lugar el viernes 30 de septiembre. Quedando en el recuerdo como el último día en el cual D. Antonio Tamajón Flores acudía al I.E.S. Antonio María Calero como profesor en activo, tras treinta años en el citado centro. Treinta y dos en total en este sufrido oficio. Aunque en realidad, todos somos conscientes de que su jubilación no le impedirá permanecer de forma perpetua en el instituto, tanto física como conceptualmente.

En numerosas ocasiones, he bromeado con su sobrino Fran que “tito Tama” moriría con las botas puestas, o mejor dicho, con la bata puesta y uno de sus experimentos caseros en las manos. Pues cualquiera que haya presenciado sus clases le costará recordarlo de otra forma diferente a esta. Un día, llegaba a clase con una pelotita de pin pon y un tubo unido a la cabeza de una botella de plástico para explicarte el efecto Venturi. Y al siguiente, llenaba de agua una botella, la tapaba con un trocito de papel higiénico y te sorprendía al no derramarse el líquido al ponerla boca abajo. En esta ocasión, te explicaba que el “truco” estribaba en la superioridad ejercida por la presión atmosférica frente a la presión hidrostática, y aun así, te costaba aceptar lo que tus ojos veían.



Esa era, es y será su magia. Ser un educador adelantado e innovador para explicar unas materias tan complejas como son la física y la química con elementos cotidianos de nuestras vidas y, siempre, con una sonrisa en el semblante. Así es como en un abanico de alumnos comprendido entre los 12 y los 18 años, con lo complicado que es manejarnos en esas edades, deja un recuerdo y cariño como el que en estos días ha podido recibir; además de una atracción por estas ciencias tan poco de moda en los tiempos actuales. Cuántos hombres y mujeres amantes de estas materias se perderán en los próximos años debido a su retiro.

Quien no haya tenido la suerte de conocerlo, sólo tendrá que preguntar a alumnos o compañeros para comprender sus innumerables méritos en favor de divulgar el saber, aleccionar a buenas personas y, especialmente, ayudar a todos en todo lo posible. Por lo que, al menos, considero de justicia que la clase donde durante tantos años ha dejado sonrisa de incrédulo a grandes y pequeños con sus demostraciones lleve grabada su nombre. Eso ya son asuntos que se escapan de mi jurisprudencia, aunque pocos serán lo que no vean esta medida como pertinente al satisfactorio legado dejado en este centro educativo.


De momento, lo que sí está a mi alcance es transmitirte desde este espacio mi más sincera enhorabuena por tu dedicación durante tantos años. Y agradecerte, sobre todo, aquellos dos cortos años bajo tu doctrina. Los cuales me influenciaron de forma notable en la difícil decisión de elegir ingeniería como camino a seguir. Me despido con una frase que solías decirnos, “en la vida hagas lo que hagas y seas lo que seas, intenta ser siempre el mejor. Y si no lo consigues, al menos que no sea porque no has puesto todo de tu parte”. No tengo dudas de que este ha sido uno de tus mayores dogmas a la hora de alcanzar tus objetivos, y estoy convencido de que en esta nueva etapa que comienzas no dejará de serlo. 

No hay comentarios :

Publicar un comentario en la entrada