Peregrinación al Monasterio de Guadalupe

SATURNINO MUÑOZ
HINOJOSA DEL DUQUE


Las altas temperaturas de estos primeros días de septiembre, que han pulverizado los registros existentes, han tenido un marcado protagonismo en la peregrinación que han realizado más de cuarenta hinojoseños al monasterio de la Virgen de Guadalupe en la provincia de Cáceres. Esta localidad se encuentra a más de ciento cincuenta kilómetros de la localidad pedrocheña de partida, una distancia que es recorrida a píe en tan sólo cuatro jornadas. Promesas, devoción, reto personal y en muchos casos fidelidad a las tradiciones y costumbres, son algunas de las claves que pueden ayudar a explicar y entender la realización de este trayecto, que supone una prueba de resistencia física ante el calor y el alto número de horas dedicadas a caminar por todo tipo de superficies. Sólo este conjunto de circunstancias pueda explicar que muchos de los integrantes de este cortejo repita este camino año tras año, aconsejando y ayudando a los más noveles.



Un recorrido que marca un ritual de devoción que ha ido pasando de generación en generación, y para el que nadie se siente capaz de explicar su origen. La primera jornada que comenzó el sábado, en torno a las cuatro de la tarde tras la habitual función religiosa, llevó a este grupo de peregrinos a pernoctar en la localidad pacense de Cabeza del Buey, habiendo superado de esta forma los primeros 30 kilómetros de trayecto. Con posterioridad, las siguientes jornadas trasladaron a los devotos a las localidades de Puebla de Alcocer, y Casas de Don Pedro. Durante estas etapas, los participantes intentan aprovechar en todo momento las horas en las que las temperaturas fueron más suaves y benévolas. Por eso, cada jornada comienza normalmente en torno a las cuatro de la mañana con el desayuno, para reanudar inmediatamente la marcha, pretendiendo así hacer menos duro el caminar evitando en todo momento las horas centrales del día.




Junto a los peregrinos, un grupo de varias personas y varios vehículos prestó el necesario apoyo logístico durante estos cuatro días de tránsito por tierras extremeñas. Todos los recorridos están establecidos de un año para otro, marcando exactamente el momento de salida e inicio. En una marcha de la que los mayores recuerdan estampas e imágenes llenas de dificultades, cuando sólo contaban con el apoyo de algunos animales de carga, pues ahora los vehículos de apoyo pueden desplazarse a cualquier pueblo cercano para cualquier necesidad que se tenga que afrontar. Todas las fatigas que provocan las horas de duras caminatas, según los integrantes de este cortejo, se vieron superadas en la mañana del martes al llegar al monasterio y asistir en directo esa tarde a la bajada de la imagen de la Virgen de Guadalupe de su camarín, así como a la posterior función religiosa en honor de los peregrinos.


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