Pa Feria

ARTURO LUNA BRICEÑO


Veo un vídeo de Turismo de Pozoblanco en el que el Alcalde, concejales y otras gentes declaran que se van a quedar en el pueblo para disfrutar su feria. Y yo desde la lejanía de mi propia diáspora, que me lleva a lo largo del año desde mi corazón a mis asuntos, me pregunto: ¿Y esto a qué viene?
La respuesta me la dan algunos familiares y amigos: “Pa feria” comienza un éxodo tarugo de lo más singular. Es algo parecido al cuadro de: “Campesinos búlgaros huyendo de la vacuna”.

Antiguo arco de la feria.


Los matrimonios jóvenes con hijos huyen de La Calle del Infierno, los que ya no tienen hijos en edad de “cacharritos” se van a los campos para alejarse del ruido y salvar la bolsa, y una mayoría aprovechan esos días para darse unas cortas y merecidas vacaciones. Y a mí todo esto me devuelve a mi juventud y me pongo nostálgico, no por la ferias perdidas, sino por lo años que he acumulado.

Recuerdo que en mi adolescencia la Feria de Pozoblanco era el eje diamantino del pueblo. Todo, o casi todo, el encalar la fachadas, el pintar las juntas de las losas a las paredes de tierra azul, pajiza, colorá o del otro color del que no se acordaba el que la vendía con su burro, el repaso a las casas, el estreno de ropas, las reuniones familiares y otros actos sociales se dejaban “pa feria”.

Trato de bestias.


Entonces, al revés de lo que ahora pasa, las gentes de los campos abandonaban los cortijos y los chozos y se venían a “jholgar” a la feria, y se marchaban para San Miguel, que era el día en que se apalabraban con el patrón o el “señorito”, que venía a ser lo mismo que el patrón, pero sin boina y sin chambra.

Al contrario que lo que hoy ocurre, los campos estaban habitados todo el año. En 1950 un censo de las cortijadas se declaraba que vivían en los campos del término de Pozoblanco 397 habitantes. Se especificaba el nombre de la cortijada, número de viviendas y vecinos.

En los toros


Por ejemplo: Las Morrillas a 6Km del pueblo tenía 71 viviendas y 68 habitantes; La Romana a 11 Km. de distancia tenía 45 viviendas y 26 habitantes: Las Muleras a 19 Km., constaba de 87 viviendas y 21 habitantes. Las Tapias a 32 Km., con 41 viviendas y 40 vecinos: La loma de Pedrajas a 14 Km., con 54 viviendas y 31 habitantes; El Majago a 32 Km., con 87 viviendas y 21 habitantes y Los Chivatiles a 30 Km., con 14 viviendas y 5 habitantes.

Todos ellos terminaban su contrato “pa feria” y tenían que acudir a contratarse de nuevo el día de San Miguel. Contratos que consistían en: “Los pastores cobran 30 Ptas. diarias, el 7 por ciento del número de ovejas que guardan, y si hacían queso, el pastor tenía cada semana un día de queso de toda la cabaña”. A esta parte del contrato, quitándole el salario, le denominaban: La excusa.

Y también se negociaba el “Jhato” que era la comida que el amo tenía que darle al contratado. El jhato y el jornal era el mismo para los pastores, los gañanes, los caseros y los porqueros, y consistía en: “Dos litros de aceite al mes, 15 Kg., de harina de trigo; 2 Kg., de tocino y cuatro de garbanzos”.

Y para ayudarse en estas labores de campo se contaba con 316 cabezas de ganado caballar; 615 de mular y 286 asnal. De ganado vacuno 340 cabezas, de ellas 110 de raza suiza y holandesa para leche, 170 de carne y 60 bueyes para labores del campo. Este ganado también se renovaba comprándolo o vendiéndolo en la feria de ganados que era el cometido principal de la festividad.

La plaza de toros de Pozoblanco, mucho antes de su última reforma. 


En las calles y barrios de Pozoblanco las tabernas se animaban porque “pa feria” se liquidaban los “fondos”. Los fondos era una aportación semanal o mensual que algunos vecinos hacían como ahorro para gastar en la feria. Por lo general la tesorería estaba en una taberna, y el tabernero era el depositario. El día que lo repartían les regalaba a los participantes una “melocotoná” mientras le daba el dinero a cada uno de los participantes en el fondo.




Hoy los campos no tienen habitantes fijos, las tabernas no tienen establecidos los “fondos”, salvo raras excepciones de amantes de las tradiciones. Que haberlos haylos. Y si le preguntas a los tarugos que van hacer “pa feria”. Lo más probable que te contesten será: “Largarme”. De ahí que el alcalde y los munícipes traten de “amarrarlos” al duro banco de La Calle del Infierno, al velador de una churrería o a un plato de lechón frito. Así que lo dicho: Nos vemos “pa feria”. 




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