Luces, cámara...

ANTONIO RUIZ SÁNCHEZ
(Periodista)


Entrar en una sala a oscuras o sentarte en el sofá a ver una película y que tu estado de ánimo cambie es algo que sólo consigue el séptimo arte. Sentir tristeza, miedo, tensión o reír en menos de dos horas sin moverte del sitio sólo es posible viendo una película.

Pero lo mejor del cine es que te hace pensar, te hace interrogarte, te hace reflexionar sobre la vida, sobre muchísimas cosas. Y también te enseña otras muchas cosas. De hecho, hay infinidad de películas que son muy recomendables para niños y jóvenes (y no tan jóvenes).

Por ejemplo, en “Buscando a Nemo”, Dory simboliza el positivismo ante los problemas y a seguir nadando aunque vengan obstáculos o problemas.

Amélie se preocupaba por los demás durante toda la película y realizaba actos solidarios y altruis-tas para romper los esquemas de una sociedad individualista.

Billy Elliot no se rindió nunca hasta conseguir su sueño aunque tuviera que enfrentarse a todo y a todos. La constancia y la superación definen al personaje durante toda la historia.

También están los clásicos como “Cadena de favores”, “El Mago de Oz”, o “E.T”, que demuestran que la amistad, la confianza y el ayudar a los demás nos pueden llevar a cualquier sitio.

¿Suena demasiado bonito para ser real? Puede ser, porque al fin y al cabo la mayoría de películas son ficción. Aunque casi todas tienen una base real al estar basadas en vivencias propias de los guionistas, los que escriben las historias. Así que yo me quedo con lo bueno, el disfrutar de una historia bien contada y a pensar, a reflexionar, que eso nunca está de más. 

¿No es maravilloso el cine? 

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