La Calleja de Los Aguavieja

ARTURO LUNA BRICEÑO


Una de las calles que conserva el nombre con mayor antigüedad en Pozoblanco, es la Calleja de Gutiérrez. Pasaje que va de la Calle José Estévez a la Costanilla del Risquillo. Callejuela que ha quedado varada en el olvido y que desde principios del siglo XVII conserva su nombre. Esta Calleja era el codo de la Calle Gutiérrez, que hasta la década de los años 40 del siglo pasado, había conservado su nombre.

Cruz del Risquillo, en 1901. 

De esta calle conocemos hasta el nombre que tuvo en el siglo XVI: la Calle del Padre Puerto, e iba desde el Callejón del Toro hasta el Callejón de Serrano, o lo que es lo mismo y para entendernos hoy día; desde la Calle Mayor hasta la Calle de San Isidro. Y conocemos su primitivo nombre porque en un censo de la Cofradía de Jesús Nazareno, con estatuto de limpieza, que tiene fecha de julio de 1525, un matrimonio, vecinos de Pozoblanco, donan las rentas de una casa para que con los dineros obtenidos se pague el aceite que consumía la lámpara de Jesús Nazareno. Dieron este censo en agradecimiento a que la imagen del Nazareno había sanado a su hija enferma.


Censo de 1515.


La escritura primitiva no se conserva, pero si una reseña del hecho que se transcribió al libro recopilatorio de la Cofradía. El libro de pellejo de la antigua Cofradía de Jesús Nazareno en el que se lee: “Unas casas de morada que están sitas en la calle que llamaban del Padre Puerto, y oi dicen de Baltasar Gutiérrez”.

Constituciones de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Pozoblanco.


Baltasar Gutiérrez Aguavieja era un personaje muy conocido e influyente en Pozoblanco en el primer tercio del Siglo XVII. Estaba emparentado con la familia de Juan Ginés de Sepúlveda, y lo mismo que ellos, sus ascendientes procedían de la Villa de Torremilano. Entre sus hechos destacados encontramos en un Acta Capitular de 1616 que el Concejo de la Villa de Pozoblanco le concede a la sociedad que formaban Baltasar Gutiérrez y Luis Ponce de Sepúlveda licencia para comprar los terrenos para instalar molinos de viento. De esa iniciativa, avanzada para su tiempo, ha quedado en la memoria popular de Pozoblanco el sitio elegido y que con el tiempo, desaparecido el molino de velas, fue sustituido por una cruz de granito: La cruz del Molino del Viento. Hoy también desaparecida a la mayor gloria de la Cruz de la Unidad.

La Cruz de la Unidad, en 1960.


Pero si Baltasar Gutiérrez Aguavieja dejó memoria perenne en Pozoblanco, fue porque adquirió y ostentó la Vara de Alguacil Mayor de la Inquisición. El Secreto del Santo Oficio de la Inquisición lo certificaba así: “Yo Don José de Alarcón, Secretario del Secreto del Santo Oficio de la Inquisición de la Ciudad y Reino de Córdoba testifico y doy fe que en la Cámara del Secreto de el dicho Santo Oficio en el Legajo Primero de la letra B de informaciones de Familiares del Obispado de Córdoba se hallan unas que parecen se hicieron a Baltasar Gutiérrez Aguavieja, vecino de la Villa de Pozoblanco del distrito de esta Inquisición como para alguacil del Santo Oficio y por ellas consta que el susodicho una sola vara de Alguacil del Santo Oficio de dicha Villa de Pozoblanco en cinco mil reales de vellón por tres vidas y que los pagaría luego que se le rematase, y parece que habiendo el susodicho dado petición en este Santo Oficio en once de Julio del año pasado de mil seiscientos treinta y tres en que pidió se le hicieran informaciones de su calidad, y limpieza”.

Cruz del molino de viento, en 1906. 


Con esta Vara en sus manos y presentados los documentos al Concejo, Aguavieja se convirtió en el hombre más poderoso de Pozoblanco. Él fue quien consiguió la concesión de Estatuto de Limpieza de Sangre para la Santa Cofradía de Jesús Nazareno. Concesión que debió de ocurrir en 1635, porque hasta entonces no aparece la coletilla de Estatuto de Limpieza en las Actas de la Cofradía.


En este Callejón estuvieron presos parte de los 2.000 liberales cordobeses que el general carlista Gómez, y Cabrera, el Tigre del Maestrazgo, traían prisioneros de Córdoba en la vuelta a España que las tropas carlistas dieron en la década de los 40 del siglo XIX. Cabrera quería fusilarlos en Pozoblanco, pero Gómez los liberó y le hizo firmar un documento en que no guerrearían contra los carlistas. Cosas de las guerras románticas que le costaron un Consejo de Guerra al General Gómez cuando volvió al País Vasco. 

La calle Mayor de Pozoblanco, décadas atrás.



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