En esos tiempos donde no había recinto ferial

EMILIO GÓMEZ
POZOBLANCO


Estas fotos están en Facebook. Además se están compartiendo muchísimo. Son las de la feria de antes. Todas anteriores al Recinto Ferial que cambió totalmente estas fiestas. Se pasó de una feria de calle a la de recinto. Este se hizo para albergar este evento de septiembre y muchos más eventos más  que han llegado después.



La feria de calle era muy especial. Llegaba septiembre y con él los feriantes, la preparación de las casetas y sobre todo, la transformación de la calle La Feria y Los Llanos. Era impresionante ver casetas de turrón a los dos lados de la calle La Feria.  ¿Dónde han ido a parar los turroneros que cada vez llegan menos? También emociona recordar la gente que subía esta calle. Personas de todas las edades entusiasmadas camino de la feria. El paseo a la feria era tan agradable como la estancia en ella. Uno subía abriéndose camino en medio del gentío, entre el agobio de la gente que no era agobio pues era un placer ver a tanta gente en la calle. Esos pasajes de la calle la feria de bote en bote, a ‘tentebonete’ están grabados en la cabeza de cada uno.  Caballos por las calles, mujeres y niñas con sus trajes de gitana. Faltaron en ese  tiempo móviles y tablets para inmortalizar  todos esos momentos.



Durante todo el año se esperaba la feria. Tienen algo las ferias que suscitan nostalgias y evocan momentos de nuestras vidas en que hemos disfrutado muchísimo. Los que conocimos aquella feria de calle la recordamos porque se vivía con una intensidad tremenda. A nadie se le ocurría irse en las fiestas de su pueblo. Todo lo contrario. Venía mucha gente de fuera y las casas se llenaban de primos, tíos, nietos y amigos.



Cuando pasabas por las casetas fijas (Municipal y Juventud)  siempre se recordaba la feria pasada y se esperaba la que estaba por venir. Esas  casetas fijas, es decir las que no se podían desmontar durante todo el año, la Marcos Redondo, el Organillo, la Municipal, estaban adornadas con tiras de banderitas de Papel, normalmente de vinos, el Tío Pepe se llevaba la palma, miraras donde miraras, para arriba y para el lado, no veías más que botellas de vino fino para que no se te olvidara lo que tenías que pedir. En la Municipal y en la de La Juventud había cantantes de primer orden, grupos de moda. Un año el Perales, otro el Bertín Osborne y Alberto Cortez. Sin olvidar a Triana, Olé Olé, Danza Invisible. Por esas casetas han pasado los mejores cantantes y grupos de aquellos años.



Tiempos de circo. Lleva sin venir el circo bastantes años por feria. Antes no se entendía una feria son circo y sin payasos. El circo era el “más difícil todavía” de malabaristas, acróbatas y domadores de leones. Tampoco se entendía la feria sin las compañías de teatro como El Eslava o El Teatro Chino Manolita Chen.



La Feria de Pozoblanco ha cambiado mucho pero sigue teniendo su aire propio, ese que sopla a finales de septiembre en esas noches donde ya refresca. A nadie se le olvida echar el jersey, la chaquetita de lino o la rebeca que tenemos guardada en el armario para estas noches de septiembre.

En las fotos se ven las Casetas Municipales, la de La Peña Marcos Redondo que no faltaba por feria, la del Ateneo de Estudiantes y la de Bar Casa Liborio. Estas últimas muchos no las recordamos. 



Lo que sí se recuerda es que la feria de calle era muy diferente en la manera de divertirse, en sus horarios y en la preparación que había para esos días. La Feria empezaba en la calle Real. Desde primeras horas de la mañana ya estaba abarrotada la terraza de La Marta, lo mismo le sucedía a la terraza del Luis Sánchez que esos días se reforzaban de camareros. Luego de una de las ventanas del Ayuntamiento antiguo, colgaba un enorme cartel anunciando los carteles de toros y en la otra se vendía las entradas. Y de ahí para arriba era subir para la feria.  




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