El surf no es paralímpico

DIEGO GÓMEZ PALACIOS



Ahora que se celebran las Olimpiadas Paralímpicas en Rio de Janeiro, en las que los deportes y competiciones en que se compite son prácticamente los mismos que en la Olimpiada recién terminada, con la salvedad de que los atletas son disminuidos físicos que no pueden competir en igualdad con quienes no lo son, me viene a la memoria un par de las innumerables vivencias y anécdotas que tuvimos en mis tiempos del CAMF de Pozoblanco:

En primer lugar recuerdo que existían unas prácticas deportivas singularísimas, específicas para los minusválidos físicos, de cuyo desarrollo se ocupó principalmente nuestro polivalente Maestro de Taller Ocupacional, Cecilio Poyato Cubero.

Hubo competiciones promovidas por el INSERSO a nivel nacional y se obtuvieron extraordinarios éxitos. Ignoro qué ocurre ahora o qué ha sido de esas prácticas deportivas. Pero lo cierto es que con motivo de un evento que se celebró en el Hotel Meliá Córdoba (actualmente oxidado y con otro nombre) para homenajear a entidades deportivas de la provincia, nuestra Diputación tuvo la gentileza de distinguirnos como entidad ejemplar en la promoción del deporte para minusválidos.
En segundo lugar, no tan importante, pero para mí entrañable, recuerdo fue cuando tras unos meses de funcionar el CAMF invitamos a las alumnas de un colegio de monjas de la lo

calidad a que conocieran el funcionamiento de nuestro centro y a sus personas.
Después de un exhaustivo recorrido con todo lujo de explicaciones, preguntas y respuestas, Trini me las lleva al salón de actos para “rematar la faena”. Les dije entre otras cosas que acudiesen a nuestros eventos, o sin ellos, no para ver a los residentes sino para estar con ellos. Me ofrecí a contestarles sobre cualquier cuestión y una muchachita me dice: "Nos hemos enterado qué hace y como lo hace cada persona y grupo de la plantilla pero entonces, ud. qué hace. Si cada cual conoce y sabe hacer su trabajo… ¿qué hace ud? "

¡Vaya pregunta la de la niña! Estuve unos segundos en blanco y con cara de gili pero el Espíritu Santo, el Ángel de la Guarda o algún otro ser, me iluminó y le dije: “Sabes qué es una tabla de Surf”. Me contestó: “Es una tabla grande con forma de triángulo alargado para deslizarse sobre las olas” Le respondí: “Bien, pues en esa tabla su vértice anterior lo dirige nuestros Servicios Centrales, un vértice de atrás lo agarran los residentes y el otro los trabajadores; todos pretenden llegar a la orilla pero con distintas maneras y prioridades: Yo soy el que va encima de la tabla tratando de no caerme al agua y que nadie de me ahogue.”


Creo que las niñas y todos los demás me entendieron porque las risas se oyeron más allá de los Salesianos y hubo incluso, tímidos aplausos. 



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