El estadio de Villanueva llevará el nombre de Carmonilla

EMILIO GÓMEZ
VILLANUEVA DE CÓRDOBA


El campo de fútbol de Villanueva de Córdoba llevará el nombre de Bartolomé Carmona Díaz ‘Carmonilla’. El pleno del Ayuntamiento de Villanueva de Córdoba lo acordó el pasado jueves por unanimidad. Se lo merecía Carmonilla que lo ha sido todo en el mundo del fútbol. Como futbolista fue un referente. Estuvo de corto hasta los cincuenta y tantos años. Fue un buen jugador. Siempre comenta que lo quiso fichar el Barcelona, “aunque hubiera jugado en el Barcelona, sería del Madrid” dice un merengue que compra cada mañana el Diario AS para ver quién ficha su Real Madrid.

Una vez que colgó las botas, fue entrenador, utillero y presidente del Villanueva.  Se llama Bartolomé aunque todos lo llaman por su apellido en diminutivo al ser un hombre pequeño y flaquito, El Carmonilla. Iba siempre enredando. Hacía las cosas siempre a su forma pero con mucho corazón. “Nadie de mis jugadores se perdía un partido por sanción, pues los míos tenían varios nombres y el sancionado, ese día, se llamaba como le había puesto la madre de otro”. De esa manera explicaba Carmonilla las que liaba por su equipo. Todos sabían de sus fullerías. A pesar de ello era querido. Él  lo dice sin tapujos, “he sido de todo y no me arrepiento de nada, quise vivir así”.



El fútbol era su pasión. Siempre lo fue. Se casó un lunes para jugar el partido del domingo y para que sus compañeros de pelota fueran al convite. Siempre tuvo un sueño. Era que su Villanueva  jugara en Tercera División. “Cuando subamos a Tercera ya me puedo morir pero hasta entonces, no”. Lo consiguió y pocos años después lo vería hasta en Segunda B. Otro de sus deseos era tener un campo de césped en Villanueva. “El San Miguel es mi campo pero no podemos tener albero siempre”. Cosas de la vida pues cuando el Villanueva se fue del viejo estadio todo se vino abajo. Y es que aquel campo tenía un hechizo tremendo para los rivales.

Carmonilla tuvo siempre un comercio de alimentación. En él fiaba mucho. Tenía claro que en la vida hay que servir a los demás. En la última entrevista me dijo; “no me llevaré dineros al otro mundo, los empleé aquí con la gente que vivió conmigo”. Era un tipo que toreaba bien a todo el mundo. “Las Marías quieren venir a mi comercio pues siempre intenté que ellas se lo pasaran bien comprando”. Y es que siempre estaba alegre detrás del mostrador. Por el comercio de Carmonilla pasó todo el pueblo como él dice, “desde la postguerra han pasado miles de personas y mucha con necesidad, nadie se iba sin comida de mi comercio tuvieran o no, eso es imposible ahora en un centro comercial”.



Los domingos no aparecía por casa. El fútbol llenaba su vida. Durante mucho tiempo lo llevaba todo él. Cuando se hablaba del Villanueva se hablaba de Carmonilla. Un azote para los árbitros y para la Federación. Los quería liar siempre. Fueron muy gordas las que hizo. Intentaba hasta cambiar el resultado de los partidos después de disputado. Su pasión era ganar en el fútbol. Se transformaba. Tenía esas dos caras aunque siempre tuvo un corazón muy grande. Fue presidente de Cáritas en Villanueva durante mucho tiempo.

Ya no radia los partidos del Villanueva donde era único con sus expresiones En el San Miguel radiaba encima del tejado. Tras el traslado al nuevo campo, él mismo encargó a un herrero que le hiciera una cabina. La pagó él de su bolsillo. Era un show. Perdía la dentadura postiza en medio del partido, llamaba ‘caganíos’ al colegiado que no le pitaba un penalti a favor, se inventaba lo que radiaba (suspendieron un partido en Los Palacios y siguió narrándolo sin darse cuenta de que los jugadores estaban en el vestuario). Y sobre todo evocaba a la Virgen de Luna en los momentos difíciles. “Virgencita, virgencita, que meta el gol, por favor, por favor….” Siempre decía Villanueva de Córdoba. Para él “no hay Villanueva a secas, nosotros somos Córdoba”indica.



Para radiar los partidos viajaba con el equipo cuando jugaba fuera. Siempre buscaba el sitio más escondido. Se subía a las terrazas, tejaos o se metía en el patio de una casa que estuviera pegada al campo. Pegaba tantas voces que quería estar solo por si los aficionados rivales se molestaban. “Con el 4, El Tato, con el 9, El Picón, con el 10, el Mateo”. El artículo siempre delante de los nombres propios.

Sobre que el campo lleve el nombre suyo opina “que es una alegría muy grande”. Con humildad dice “soy un cateto que no pudo ir a la escuela pero que en la calle aprendí los valores de la vida que son hacer el bien aunque metamos la pata como yo he hecho a lo largo de mi vida”.



Y de pronto, cuando llegó a los ochenta, se le apagaron las luces. “Con lo que he sido y ahora me veo sin fuerzas para seguir viviendo”. Su mujer tuvo que ingresar en una residencia por una enfermedad, él empezó también a perder facultades y la pena entró en su casa. “No me puedo creer que con lo activo que he sido, me vea ahora así”. Pero sí. El gran Carmonilla no es el de los chistes verdes, el que piropeaba a las mozas guapas, el que se extendía tanto cantando los goles que se llegaron a juntar dos y tres  goles seguidos muchas veces. Ese Carmonilla era el que han conocido allí. Un personaje y a la vez una institución. “El fútbol me ha hecho feliz, muy feliz. Tanto que se me olvidó que había más cosas en la vida”, decía. Lo puso todo al servicio de este deporte, los dineros de su casa, su tiempo, su coche al que le puso unos altavoces para anunciar el partido del domingo. Un loco del fútbol de los que existieron en otro tiempo.



Una de las grandes anécdotas era la rifa de la cochina del Carmonilla; “mi cochina parió un año hasta 22 crías, la rifa era famosa por el cachondeo que se formaba y porque nunca tocaba, era para el club todo”. Y es que por la calle le preguntaban; ¿cuántos parirá  tu cochina este año?

Hay quien quiere vivir del fútbol y otros vivir para que exista fútbol. Carmonilla era de los segundos. De eso no hay duda. Por eso el campo llevará su nombre. Hay que premiar a esos locos del fútbol que pusieron su patrimonio y hasta el tiempo de su familia  al servicio del fútbol.


Dice que se le olvida todo. Los 82 años le pesan. A él se le nota más porque fue una persona de lo más activo. 




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