Del final del verano, la feria y otras cosas

Se acabó el verano. Como todos los años arranca con mucha fuerza y se va poco a poco. Desde principios de septiembre está anunciando su marcha. El final del verano no es igual que el final de otras estaciones. Nadie se lamenta cuando se da el salto del otoño al invierno ni de la primavera al verano. Pero aquí, sí. El final de esta estación supone tantas cosas. Supone el adiós al desorden, a buscar ratos a la sombra, a vestirte en un momento. Y es también la vuelta a la normalidad con la humedad otoñal entrando por la ventana (todavía no lo ha hecho).

El tiempo es el único que puede con todo. Termina con los veranos, con nosotros y con todo lo que se ponga por delante. A veces nos complicamos demasiado la vida. O ella misma, la vida, lo hace. Y nosotros nos dejamos llevar sabiendo que el tiempo siempre corre en nuestra contra.

Dentro del tiempo hay muchos tiempos que vamos consumiendo. Recuerdo esos días en los que salir a la calle era abrir la puerta al bullicio. Las calles están más vacías. La feria no es lo que era aunque remonte algo. No sabemos si un día recuperará el esplendor de antes. Será difícil por muchos motivos y sobre todo porque nos hemos adaptado a otro modo de vida. La gente vive de otra manera. Se comparte menos. Antes se compartía la feria. Ahora todo es más individual. 

Haya más gente o menos en el Recinto o por el centro, la feria es un tiempo de  infancias, ilusiones, amores, secretos, bailes, canciones e ilusiones. Sentir el mismo torrente de emociones que uno siente cuando uno es joven es imposible pero hay otras maneras de sentirla. De eso se trata de sacarle partido a las cosas que tenemos. El secreto está en compartir. Hoy compartimos menos. Esos tiempos de calle se han ido. Nos hemos vuelto en seres-máquinas. Será por estar todo el tiempo con ellas. Y dejamos de lado lo sentimental. Y las cosas hay que sentirlas y compartirlas en la calle como se hacía antes.


La feria son solo unos días. La vida también. Estos días sirven de escape de la rutina. Es como si saltáramos por la ventana, saliendo así de la casa y escapando del trabajo. Las preocupaciones son las mismas aunque se olvidan un poco más. Los niños se piensan que es mágica la feria. Lo es cuando uno está en situación de creer en la magia. Existe la magia, solo falta creer en ella. 

Página 2 del Semanario La Comarca nº 82 (24/09/2016).

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