De Feria

ANTONIO RUIZ SÁNCHEZ
(Periodista)


Cuando tenemos un día de fiesta el mundo se vuelve maravilloso. Así que mucho más cuando tenemos casi una semana de Feria en la que tenemos al alcance de la mano diversión a raudales. Porque cuando estas de fiesta (o de Feria) todo mola mucho más.

Cuando estás de Feria todo el mundo te cae bien (o lo intentas).

Cuando estás de Feria te puedes poner a dar palmas sin motivo y no pasa nada porque eso, estás de Feria. 

Cuando estás de Feria la dieta se acaba así que aprovechas para hincharte de lechón, jamón o lo que te pida el cuerpo, porque el lunes se acaba el chollo.

Cuando estás de Feria todo el mundo se vuelve majo porque invitan por cualquier excusa y te dan palmadas en el hombro y te besan y te abrazan. La gente es maravillosa cuando está de Feria.
Cuando estás de Feria las zonas horarias se trastocan y el tiempo cambia su curso. Puedes estar comiendo a las siete de la tarde, durmiendo a las dos del mediodía o estar activo a nivel máximo a las cuatro de la mañana.

Cuando estás de Feria está permitido darse caprichitos porque sí, ya sea para comer, comprarse ropa o cualquier cosa, simplemente porque “estamos de Feria”.

Cuando estás de Feria vuelves a encontrarte con gente a la que no veías desde hacía mucho y retomas el contacto.

Cuando estás de Feria hay días en los que te excedes y te juras a ti mismo que jamás volverá a suceder pero al día siguiente vuelves a las andadas. Pero no pasa nada porque estás de Feria.

Cuando estás de Feria sabes que todo se desmadra pero no pasa nada, porque el lunes la vida vuelve a la normalidad.

Cuando estás de Feria puedes pasar 24 horas seguidas sin pisar tu casa sin sentirte mal por ello.

Cuando estás de Feria puedes dejar millones de cosas pendientes porque ya las harás cuando se pase la Feria.


Cuando estás de Feria ríes, saltas, disfrutas, estás con tus amigos, con tu familia. Porque estás de Feria. Y punto. 


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