Al final todo se resume en vivir

Al final todo resume en VIVIR. No hay más. Las diferencias no importan tanto si se vive bien. Uno puede vivir con un coche más viejo o más nuevo. Se puede vivir en un piso y no en una casa grande. El televisor puede ser de los antiguos o de los de ahora. Se puede salir más o menos. También gastar mucho o poco. Las vacaciones pueden ser más cercanas o lejanas durando una semana o un mes.
Al final todo se resume en VIVIR. En las últimas décadas nos habíamos fijado unos objetivos vitales muy materialistas, que no son sostenibles desde el punto de vista económico (se ha confundido el incremento de deuda con el crecimiento económico).

Cierto día le pregunté a un amigo mío que cuál era su aspiración y me contestó que solo vivir, después vivir y más tarde vivir. Vivir bien no es vivir con lujos. Es más valorar lo que tienes. No lo hacemos porque miramos demasiado a los demás. El consumismo nos ha marcado un modo de vida igual para todos. La aspiración materialista en la que nos ha envuelto ha hecho que las aspiraciones solo estén en el dinero y en tener muchas cosas (la mayoría innecesarias).


No es tanto lo que tengas sino valorar lo que tienes. La felicidad es estar contento con lo que posees. Si tienes mucho quieres más porque estás acostumbrado a ansiar mucho más. La vida está hecha de cosas que vemos y que no vemos. Por eso cuando perdemos cosas nos damos cuenta de lo que teníamos y no valorábamos. Hay que valorar, amar, ofrecerse y dar. Hoy se lleva eso de que cada uno corre para su lado sin saber que esto no es una carrera individual sino una carrera con el destino que vamos a perder. 

Página 2 del Semanario La Comarca nº 80 (10/09/2016)

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