Pozoblanco y la construcción de las casas en el siglo XVI

ARTURO LUNA BRICEÑO


Hasta que conseguí el Epistolario de Juan Ginés de Sepúlveda, comentado por Juan Fernández Franco y traducido por Ángel Losada, mi libro de cabecera era el Quijote, ahora es este libro que me da noticas de mi pueblo del siglo XVI. Y recalco que es el comentado y editado por los citados y no el editado por el Ayuntamiento de Pozoblanco. Y aclaro. Cuando se celebró el acto del final de la edición de las Obras Completas los responsables de la traducción y edición del “Epistolario”, elegidos por la Comisión que nombró el Ayuntamiento de Pozoblanco dijeron que esta nueva edición era mejor porque le habían añadido cuatro cartas más. Y para mis adentros me pregunté: ¿Quiénes son estas gentes para añadir nada a un libro que había seleccionado el propio Juan Ginés? ¿Con qué autoridad e intención se añaden estas cartas?

No explicaron por qué lo hicieron y al no hacerlo decidí no contar con ningún libro de esta colección. Sigo buscando y adquiriendo ejemplares de las distintas ediciones que a lo largo de la historia se han imprimido. Siendo para mí la joya la nominada: “Opera”, editada a finales del Siglo XVIII por la Real Academia de la Historia de España a iniciativa del Conde de Floridablanca, una edición de la que es muy difícil conseguir ejemplares.

Éstos son los restribos y formaceos que introdujo Juan Ginés en la edificaciones de Pozoblanco.

No creo que haya existido un hijo de Pozoblanco que haya querido y añorado a su pueblo más que Juan Ginés de Sepúlveda. Se marchó a Córdoba cuando contaba con seis o siete años, acompañando a su madre, que acababa de enviudar, y a sus tres hermanos mayores: Pedro, Andrés y Bartolomé. Es probable que volviera en algunas ocasiones a visitar a su abuelo materno que era escribano público y alcalde de Pozoblanco, pero que quede constancia de ello lo hace en noviembre de 1511. Iba camino de Alcalá de Henares y permanece en su pueblo unos días para hacer las pruebas de limpieza de sangre que le exigían para que le concedieran la beca de pobre que la Catedral de Toledo tenía dotada en el Colegio de San Clemente de Bolonia. Durante su estancia en ese Colegio, en Roma y siguiendo a Carlos V por Europa, siempre firmó sus documentos diciendo que era vecino de Pozoblanco.

En 1537 ya nombrado Cronista y Capellán del Emperador Carlos V vuelve a España y a Pozoblanco. Juan Fernández Franco, el otro gran erudito de Pozoblanco, y amigo del Cronista, comentando el “Epistolario” dice: “Entonces se vino a España y el Vicario Pero Franco mi tío lo recibió y tuvo en su casa y le dio sitio en ella dónde hizo su casa”.

Al fondo y al pasar la Calle Jesús, en esa esquina estaba la casa de Juan Ginés.

Juan Ginés se afanó en construirse una casa en los terrenos que Pero Franco le dio para que levantara su vivienda, y se lo cuenta en la carta 36 del libro tercero del Epistolario a su amigo Honorato Juan: “Si quieres saber cuáles son mis actividades, te diré que aparte de mis estudios normales, no he podido realizar todavía mis proyectos; me refiero a la terminación de los edificios cuya construcción inicié, a la plantación de árboles y al trasplante de los primeros brotes de los semilleros. ¡La culpa de todo la tiene este maldito invierno!

En lo que se refiere a los edificios, verdadero pavor me están causando esas paredes levantadas con material tan poco consistente como el adobe, ingrediente imprescindible y tradicional en la mayor parte de los edificios de España, a pesar de que Plinio el Joven, no sé por qué motivo, le parece excelente esta clase de construcción: se ve que no tuvo nunca que aguantar bajo tal techo un invierno tan lluvioso como este y presenciar su derrumbamiento”.

Carta de recomendación que le dio el Cardenal Cisneros para que ingresara en San Clemente.

La carta tiene fecha de 4 de febrero de 1544, y por lo que se deduce de ella, Juan Ginés debió construir su casa entre los años de 1542 o 1543. Desde 1537, en que pasó en Pozoblanco su primer invierno, hasta 1542 vivió como invitado de Pero Franco.

Fernández Franco en el comentario a esta carta matiza: “Dice esto porque (Sepúlveda) fundó el cuarto principal de su casa sobre unas paredes de un huerto del Vicario Franco; y como no llevaba tal cimiento como se requería para el peso que después se echó, hizo vicio el cuarto, y le hizo unos restrivos que hoy tiene; y que de estas formaceas paredes dicen hoy formazos a edificios”.

La casa así construida la reseña de esta manera Juan Ginés en la fundación de su Mayorazgo: “Iten unas casas principales en la dicha Villa de Pozoblanco que yo las edifiqué y alindan con la Plazuela e Arroyo de Casa y las calles públicas en las cuales dichas casas yo de presente hago mi morada, e asimismo alindan con las casas que eran de Pedro Franco, que dejó a la Cofradía de la Caridad”.


El Cronista hizo una bodega y lagar en su Huerta de los Llanos, una casa con tahona en la Calle Real y seis casas en las Coronadas de las que hablaremos. 

Juan Ginés en la estatua que le hizo José Herruzo.



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