Las historias propias y el aprendiz

La vida de cada persona está escrita con historias. Son las historias propias de cada uno. En esa carpeta grande están los éxitos y fracasos que cosechamos a lo largo y ancho de nuestro camino. La gran diferencia entre las personas no son el número de  éxitos  que uno coseche, sino el saber reconocer los fracasos mediante  la autocrítica. Falta hoy más que nunca aprender de los errores.  Para ello hay que reconocerlos. Falta verdad dando  una imagen real. Falta que los egos no se saquen tanto a relucir. Nuestra vida no es puro marketing . Cada vez  buscamos más dar una imagen de perfil olvidando mostrar nuestros lados más íntimos y dejando atrás nuestra ilusión por aprender.

Dicen los viejos del lugar que también falta en el trabajo la figura del aprendiz de antes, que se formaba observando y viendo trabajar al maestro. Cierto, aunque creo que lo que van faltando también son maestros. Quizás porque compartamos menos. Somos más egoístas. El culto al “yo” está en expansión. El sentimiento de comunidad está desapareciendo de nuestra sociedad a pesar de los grupos de wasap y de las redes sociales. Y si no trabajamos y vivimos en equipo, los resultados no serán buenos. Antes el carpintero enseñaba a los aprendices su trabajo. Lo mismo hacía el herrero, albañil, fontanero. Había una cultura de valorar al maestro. Eso se está perdiendo. Somos productos IKEA, tiendas propias que montamos nuestra propia vida con un plan similar y un folleto general. En realidad hacemos todo esto sin saber montarnos nuestra vida demasiado bien.

La generación de jóvenes actuales,  crecieron entre constructoras, clases de apoyo y un consumismo feroz. Nadie o casi nadie de ellos estaría dispuesto a escuchar y pasar horas y horas con maestros viejos que le enseñaran un oficio en todos sus términos. El que enseña bien no dice a menudo lo que el aprendiz quiere oír. Es por ello que hoy con lo fácil que está todo, nadie aguantaría o prestaría atención al que le enseña. Eso está pasando en las aulas y en los trabajos donde llegan chavales que al tercer día lo dejan.


Nos ha faltado estar preparados. Convertimos el ocio y el bienestar en la base de nuestras vidas aunque nos faltó explicar que todo ello llegaba junto con la formación y el aprendizaje. El otro día me decía un padre que su hijo va camino de los treinta y no solo es que no tiene oficio sino que no sabe aun lo que quiere ser. Le preguntaba si era porque le costaba decidirse,  y me contestaba que la razón estaba en no  tomarse las cosas en serio. Antes no te lo permitían, estudiabas o a aprender un oficio. Hoy la excusa de que hay mucho paro,  le sirve a muchos para no buscar ni tan siquiera empleo. Hace 20 años los parados que había en los pueblos solían ser siempre los mismos. Las razones se las pueden imaginar. Hoy, por desgracia, están los que no encuentran trabajo aun deseándolo con toda su alma y también los que todavía piensan que le llegará su oficio preferido llovido del cielo.  Y es que las cosas no llegan de ese modo. Eso nos faltó enseñarlo. 

Página 2 del Semanario La Comarca Nº 75 (publicado el sábado 6/Agosto/2016)

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