Las Escoronás

ARTURO LUNA BRICEÑO


Uno de los lugares más conocidos de Pozoblanco son las llamadas “Escoronás”, que es la forma popular con que se conoce a una zona del pueblo situada al este de la población y enmarcada por la Calle Barranco, el Cerro, la Calle Pedrajas y el Torilejo. La tradición dice que en la antigüedad en este lugar estaban situadas “las casas de perdición”, y que las meretrices eran obligadas a llevar una corona para diferenciarlas de las mujeres honradas.

Casas que están en el mismo lugar que las que hizo Juan Ginés de Sepúlveda.

En el primer testamento de Juan Ginés cuando cita sus posesiones dice: “Iten otro herreñal junto a el pozo que dicen de Santa Catalina y la huerta que dicen de La Coronada con lo que en ella se hallare por mi voluntad he edificado que alinda con otra huerta del mismo nombre y con la Calle que va a San Sebastián”.

Este pozo fue posteriormente conocido como el Pozo Cadenas.

Las Escoronás en 1910. Calle conocida como calle del Pozo Cadenas.

Como en casi todos los documentos del Doctor Sepúlveda, se describen lugares y aportan datos para conocer el Pozoblanco del Siglo XVI. Las Coronadas eran dos huertas, y no casas de lenocinio. Y una de esas huertas de Las Coronadas es la que deja a la Capellanía de esta manera en el segundo de los testamentos: “Iten la suerte que dicen de La Coronada con una de las diez casas que en ella se hacen y han de acabar de hacer, la cual casa ha de ser la del segundo solar contando desde la parte de abajo del Arroyo de San Sebastián la cual tiene ahora mucha parte edificada”.

Vista aérea de 1960 de las Escoronás se ven los grandes huertos.

Fue una obra social de gran envergadura, destinada a sus servidores más fieles, la que el Cronista levantó y por la que tenía gran interés: “Iten digo que de siete casas que se hacen y están de hacer en la dicha Coronada y a la una con la dicha Coronada tengo señalada y aplicada para la dicha mi Capellanía, digo que las otras seis con los corrales que tienen señalados y pozos en ellos y huertos se den después de acabadas de hacer a las personas siguientes y a sus herederos, conviene saber: A Sebastián de Sepúlveda clérigo presbítero, y a Juan Lupario de Sepúlveda y a Bartolomé de Sepúlveda, hijo de Juan García, y a Pedro de Sepúlveda y a Bartolomé de Sepúlveda su hermano, hijos de Juan de Sepúlveda y a Marcos Ponce, a cada uno la suya, las cuales dichas casas con sus corrales y huertas como dicho es les mando con condición que no las puedan vender ellos ni sus herederos, pero si las puedan arrendar y las tengan perfectamente y las vayan así heredando unos de otros conforme a derecho y que si Dios me llevare de este mundo y las dichas casas no estuvieran acabadas de hacer según conforme a la traza que llevan comenzadas mando que se acaben y así acabadas y hechas se den a los susodichos por la orden que ordenaren los patronos de mi Capellanía y para acabar de hacer lo que no quedare hecho de las dichas casas, quiero y mando que se tomen en cada un año diez y ocho mil maravedíes de las rentas de los censos que yo dejo por la dicha mi Capellanía hasta acabar de hacer las dichas casas y que estos dineros los gaste el Señor Alonso de Argote o quién poseyere o hubiere el Mayorazgo que yo dejo y si no lo quisiere hacer o fuere negligente en ello mando que los gasten las demás personas que fueren Patronos de mi Capellanía y por su trabajo a la persona o personas que esto cumplieren, ejecutaren mando cada un año los tres mil maravedíes que se han de tomar de los dichos censos y los otros quince mil maravedíes que se gasten en hacer las dichas casas a los cuales encargo sus conveniencias y encomiendo que así lo cumplan y estas dichas personas a quién se han de dar estas casas todos los días que anduviere obra y gente trabajando en ellas asista cada uno a animar y favorecer y hacer lo que pudiere para que con su diligencia, favor y ayuda se hagan más presto”.

El Torilejo en 1986.

En el camino se quedaron tres casas, lo que viene a demostrar que Juan Ginés de Sepúlveda hizo sus testamentos dictándolos en diferentes días. Las tres casas que faltan las tenía previstas para algunos de sus familiares, porque una de las condiciones que les puso a sus servidores es que no se fuesen a servir a nadie. Alguna desavenencia debió de ocurrir para que el número de éstas menguara de diez a siete.

Última página del 2º Testamento de Juan Ginés de Sepúlveda perdido durante siglos.



No fueron estas siete casas, de grandes corrales y huertos la única obra que hizo el Cronista en Pozoblanco, en la relación de la Fundación de su Capellanía hay unas interesantes citas de ellas.

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