La salvación y el castigo de Europa

Es frecuente escuchar que Europa  exige, pide, sanciona y por supuesto, manda. Ya nadie manda en su casa. Los países adquirieron una deuda con Europa que no son capaces de pagar. Supongo que sería de aquellos años donde daban dineros por dejar de cultivar, por abandonar actividades. Supongo que sería de aquellos años donde el dinero venía de Europa en sacos. Mucho se perdió por el camino. Ese no cuenta, nadie quiere saber dónde fue a parar. Supongo que la deuda también será de tantos pabellones construidos sin utilizar, aeropuertos sin aviones, autopistas de peaje por donde no pasan coches  y bibliotecas sin libros. Nos hablaban del sueño de Europa. ¡Qué bonito quedaba! No nos dábamos cuenta que gastábamos el dinero que no era nuestro.

Europa era un sueño unido como si nunca hubiéramos sido europeos.  La  Vieja Europa parecía convertirse en un territorio nuevo y renovado. Era el mismo escenario y en él, los más listos (los alemanes) la reconstruyeron a su medida. Alemania históricamente siempre ha querido dominar. Las guerras lo dicen. Esta vez buscaron el dominio de otra manera. Nos trataron como conejillos de indias y no nos dimos cuenta. Ya es demasiado tarde para casi todo. Solos no podemos ir a competir y unidos con el resto vamos con las condiciones que nos marcan. Y en esas estamos.

Ahora hay peligro de todo. Hay que sostener la idea de Europa pero de una Europa justa. Sin olvidar que el camino es la democracia. Nos costó conseguirla y ahora parece que nos aburrimos de ella porque algunos le han buscado el tapón para desaguarla. Hay que valorar lo que luchamos por conseguirla con esa transición  de la que siempre hablamos. Es cierto que unos se favorecieron (los que mandaban) pero a la vez nos favorecimos todos. Las revoluciones no son el camino aunque tampoco el aceptar todo. No se puede admitir que a un país le quiten producir lo que tiene. No nos valen ya las subvenciones que es el engaño del siglo. Uno recoge por lo que produce no por lo que no produce. Sabíamos que por Europa tendríamos que sacrificar algo. Lo que ni nos imaginábamos es  que íbamos a poner en riesgo tantos puestos de trabajo, tantas ilusiones y tanto futuro.


Nos dicen que el turismo nos salvará. No solo podemos vivir del turismo esperando a que vengan a visitarnos de Europa. ¿Y si un día no vienen? Tenemos que depender de nosotros mismos. Debemos ser fuertes en nuestro pueblo, provincia, región y país. No esperemos que los problemas internos los vayan a resolver en Europa. Más bien lo contrario si no estamos despiertos todo el tiempo. 


Página 2 del número 77 del Semanario La Comarca (20 de agosto de 2016)

No hay comentarios :

Publicar un comentario en la entrada