Entrevista a Miguel Ángel Cabrera, director del Grupo Teatral Jara

“El cumpleaños del Teatro El Silo debe aprovecharse para dialogar y analizar logros, desaciertos y posibilidades”


EMILIO GÓMEZ
POZOBLANCO


Diez años dan para mucho. Y más en un teatro. Miguel Ángel Cabrera es un enamorado del teatro. Director del Grupo Teatral Jara. En su reflexión sobre esta década, deja claro que el Teatro El Silo ha sido un gran revulsivo aunque hay muchas cosas que mejorar. 




– Se cumplen diez años de la inauguración del Teatro El Silo. ¿Cuál sería el balance resumido que nos hace?
– Altamente positivo. ¿Cuándo hubiéramos imaginado poder ver en Pozoblanco..., Ópera, orquestas, Sra Baras, Raphael, Atalaya, el teatro del Velador, Chirigóticas, José Luis Gómez, Rafael Amargo, Ronlala... Nuestras bocas han saboreado mucha miel, aunque no estaban preparadas. Ha sido un revulsivo, una revolución. No somos conscientes de que el Teatro El Silo es,  va a ser y en el futuro será aún más la bandera y el buque insignia que identifique a Pozoblanco.

– ¿Qué ha supuesto para nuestra zona tener un teatro como éste?
– El teatro ha puesto al alcance de los dedos lo mejor de lo mejor, lo que antes sólo se veía en la capital. Pero yo formularía la pregunta al revés. ¿Se han diseñado las programaciones pensando en nuestra zona? El público de Pozoblanco no basta para mantener el barco y hay que trabajar más y mejor para entusiasmar al público de los Pedroches. Las manifestaciones teatrales de otros pueblos también deben tener cabida en el Silo. Sería una forma de hacer comarca y convertir el teatro en un lugar de encuentro. Lo que la política no une tal vez pueda hacerlo la cultura.

– ¿La asistencia ha estado a la altura del teatro?
– Ciertamente no. Hay mucho que mejorar. Este cumpleaños debería ser el momento en que todos los agentes implicados se sentarán serenamente a dialogar y analizaran los logros y desaciertos y las posibilidades que se abren al futuro: políticos, asociaciones, padres, profesores, alumnos, empresas punteras, profesionales... Creo que el teatro está al 50% de sus posibilidades. Pozoblanco no puede permitirse el lujo de mantener cerrada unas instalaciones de este calibre durante 200 días al año y luego pretender que se llene la sala unos días concretos, con ciertos espectáculos. Un reloj no se para ni echa a andar a voluntad.

– Pozoblanco estuvo 30 años sin teatro. ¿Toda esa espera entra en una frase?
– El siglo XX murió con el teatro San Juan y el teatro del siglo XXI está aún por construir. Contamos con el mejor de los envoltorios posibles pero por el momento no hemos sabido darle su alma, un aliento vital que impregne la vida diaria de todo el pueblo y de todas las capas de la sociedad.

Miguel Ángel Cabrera durante una actuación en El Silo. 


– ¿Tenemos cultura teatral?
– Poquita. No hemos superado aún la época en la que la televisión mató a la estrella del teatro. La travesía del desierto de esos 30 años sin teatro no se desanda en una tarde. Entre el público se echa en falta a mucha gente de la cultura y de los considerados a sí mismos amantes del teatro, profesores... ¿Cómo van a ir los alumnos si apenas hay profesores? De todas formas, soy de los que pienso que no hay que obsesionarse con la Cultura con mayúsculas. El teatro ha sido desde sus inicios un género eminentemente popular. Los espectáculos “populares”, los que llenan teatros también deben tener su espacio en el Silo. La vida es teatro y todo lo de la vida cabe en el teatro.

– ¿El Silo es el centro cultural de Pozoblanco?
– No. El Silo es un almacén de cereales, como el que la COVAP ha dejado de recuerdo frente al cementerio. Para evitar la confusión entre tanto silo, en primer lugar, habría que colocar alto y claro en la fachada del hermoso edificio la palabra que lo define y distingue, su verdadero nombre: TEATRO. Y, luego, en segundo lugar, el originalísimo nombre con que fue bautizado: EL SILO. Y, posteriormente, habría que aclarar que se entiende por puerta principal de entrada. (En mi blog c’est la vie lo explico con más detalle)

Definido el concepto del inmueble como teatro, podríamos ir pensando ya en llenar de contenidos los numerosos espacios vacíos e infrautilizados del inmueble. Podríamos crear un Centro de Cultura “El Silo”, o el Centro de Artes “El Silo” o cómo queramos llamarlo. Para empezar tenemos lo más importante: los espacios. A saber: el amplio vestíbulo, el alto mirador, la cercenada -!ay¡- sala de ensayos, la solitaria cafetería, la amplísima zona de carga con enormes posibilidades... Si a estos espacios le añadimos personas, personas que amen el teatro y amen a su pueblo, dinamizadores culturales jóvenes, titulados y experimentados, profesionales locales del mundo de las artes, plásticas o escénicas, de la danza o del flamenco, de la música o de la literatura, voluntarios... Y si todas esas personas renovaran el aire de esos locales vacíos con talleres, escuelas municipales, un cibercafé, una segunda sede de la biblioteca convirtiendo el Silo en un centro de arte, ¿no atraeríamos así por fin a los jóvenes al teatro? 




MÁS PERSONAL

– Si tuviera que escoger un papel. ¿Cuál sería?
– El último mono.

– Si viera a un espectador en el teatro con el móvil todo en rato . ¿Qué le diría?
– Amigo, entre los dedos se te escurre la vida que tienes delante. Y, además, no me concentro, imbécil.

– ¿Qué significado tiene para usted el misterio?
– ¿Qué nos movería si supiésemos todo de todo? Creo que es el ansía por descubrir cosas la que nos abre las puertas del misterio.

– ¿Y la fantasía?
– Es la sal de la vida. El picante, la gracia de la salsa. Lo que nos permite ir más allá de esta realidad sosa. Sin el sueño no somos nada.

– ¿Cómo sería una vida sin teatro?

– Lo mismo que una vida sin espejos. No sabríamos lo que es bueno y malo. No tendríamos donde mirarnos y poder cambiar. Y un hombre que no cambia es una estatua de sal. 

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