El Quiosco del Manolito se traslada al Recinto Ferial

EMILIO GÓMEZ
POZOBLANCO


Se lo han llevado al Recinto Ferial. El viejo quiosco del Manolito es algo más que un espacio físico. Fue una de esas historias que marcaron nuestra infancia y adolescencia. Ahora estaba siendo un estorbo. No tenía uso y siendo justos, daba pena verlo cerrado cuando había tenido tanta vida. Parecía que permanecería  ajeno  por competo al paso de los años. Pero no. Hasta los quioscos desaparecen o cambian de domicilio. Lo que tememos es que alguien lo destroce en uno de esos actos vandálicos tan de moda ahora. Ojalá que no.

Hace años, cuando la gente salía mucho a dar una vuelta, el quiosco del Manolito era uno de esos sitios preferidos. La magia de la calle, el palpitar del pueblo. Cuántos paseos iban dirigidos al quiosco para comprar helados, cromos, el periódico, chucherías… De todo había. Nadie, en aquel tiempo, se hubiera atrevido a quitarlo, pero es que los tiempos han cambiado y también las formas de vida. Los lugares no son los mismos. Como dirían los Celtas Cortos ‘han cambiado, han cambiado, sí’. Todos los días eran buenos para comprar un periódico. Pasábamos muchos  días por delante del quiosco. Nos deteníamos ante él,  observándolo y pensando lo que íbamos a comprar.

El Quiosco se ubica desde el pasado fin de semana en el Recinto Ferial de Pozoblanco. /SÁNCHEZ RUIZ


El Quiosco fue regentado por Antonio Serrano mucho tiempo aunque antes lo llevaba su padre. Allí se cambiaban cromos, se cambiaban las novelas del oeste de Marcial Antonio Lafuente Estefanía. Era también el lugar para los tebeos. Los de Mortadelo y Filemón, Zipy Zape, TBO, DDT, Tio Vivo. Las aventuras de Pulgarcito, las del Capitán Trueno o El Guerrero del Antifaz.  Cucuruchos de todos los sabores, sobre todo de limón, cortes de galleta, polos de bolsa y de hielo. El primer quiosco fue de madera. Mucho antes de llegar al actual de aluminio.


El último en llevar este quiosco fue Pedro Luque. Ahora pasará al olvido aunque siempre habrá alguien que lo recuerde. Y habrá alguien que los busque aunque no lo encuentre. Es increíble como un simple quiosco pueda dar tanta vida a las personas que viven en un pueblo. 


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