Don Julio, los catalanes y yo

DIEGO GÓMEZ PALACIOS


En marzo de 1978 la SECEM, léase “La Letro”, me mandó a Barcelona para una “misión especial” que duraría dos o tres meses, aunque aquello duró hasta el otoño de 1979. Tuve la suerte de sintonizar con los catalanes en menos de un mes. A partir de ahí jamás en mi vida he hecho un trabajo más fácil y agradecido; tuve la amistad y confianza de todos con quienes traté, hasta el punto que meses después quisieron venderme un hermoso caballo blanco y luego un Porche Carrera que, obviamente no les compré, ¿quién pensarían que era yo?

Vine unos días a Córdoba para dar novedades en fábrica aprovechando nuestra Feria de Mayo. En la barra de la caseta de EMACSA me encontré con Julio Anguita. (Coincidimos un año en cursos distintos de bachillerato pero él se había quedado con mi cara y yo con la suya. Luego en la Mili en unidades diferentes); le dije que estaba temporalmente en Cataluña pero sabía que era el reciente alcalde de Córdoba y bromeé diciendo: De aquí a unos meses vas a estar hasta… las narices del cargo, porque conozco “el ganado” con el que estás bregando y me contestó: Diego, te equivocas, ya estoy hasta…, de esta gente. Me alegro de verte, hasta otra.

Hasta ese día nunca habíamos hablado; en la mili solo nos saludábamos con la mano al cruzarnos. Pero nunca conversamos hasta que nos vimos precisamente en Pozoblanco, donde dio un mitin; hablamos solo unos segundos, en presencia de mucho público. Hago estas referencias para que conste que no tenemos ningún vínculo personal ni social, solo una empatía y reconocimiento como los que viví con muchos catalanes y pozoalbenses.

Volvamos a Cataluña: En verano del 78 el 2º de la sucursal de SECEM me dice, con el consiguiente jolgorio de varios tertulianos: Vaya sinvergüenza que nos ha salido tu alcalde…, me muestra el texto de un diario llamado AVUÍ, o algo así, en el que leo: El alcalde de Córdoba, en seis meses ya es propietario de una mansión en la urbanización de élite denominada Santa María de TRES SIERRAS.

Les expliqué que se llama Trassierra y que “la mansión” era un edificio con numerosos y pequeños apartamentos con una explanada terriza delante que regaban los vecinos y servía como patio abierto donde tomaban el fresco. Aquel lugar se le denominaba El Cortijo de los Tiesos y por allí se veía a Julio jugando al dominó con los amiguetes, no sé si en calidad de propietario, arrendatario o visitante.
Pasados unos meses, habida cuenta la progresión política de Anguita, los catalanes me decían: Es un tío fenomenal lástima que sea comunista. (El Puyolete aún estaba en la incubadora)

A raíz de las últimas elecciones escucho a un periodista amarillento decir: El viejo e iluso político, se ha quedado con tres palmos de narices en las recientes elecciones. Este tribulete me ha hecho recordar lo que he dicho en este relato y sabe de D. Julio lo que el catalán de la mansión en Tres Sierras. Ignora o pretende que ignoremos que se presentó el último de la lista, sin opciones, solo por coherencia y para dar lustre a la candidatura. También omite o ignora que ese viejo político no vive de la política, a cuya pensión renunció, sino de su pensión como maestro. El presunto fracasado e insolente es él, como persona y como profesional. 


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