Desde mi ventana de Southampton... Fuerza no es igual a peso por velocidad

MIGUEL CARDADOR MANSO 
(Ingeniero Superior Industrial)


Los meses previos al verano, con el fin de modelar la figura e intentar sobrevivir a la operación biquini. Los meses posteriores al estío, para quemar las vacaciones y esas cañas de más en las terrazas de los bares. Y los primeros meses del año, tras angustiarse por los excesos navideños, como propósito de buenas intenciones para el nuevo año. Distintos periodos y excusas para un mismo fin, la primera vez que muchas mujeres, hombres, jóvenes y adultos acuden a un gimnasio.

Mi experiencia de forma continua en este tipo de instalaciones comenzó al finalizar el verano de 2011. Era mi última tentativa de regatear el quirófano, ya que tenía luz verde para operarme del menisco izquierdo. La jugada salió bien y en pocos meses el dolor mitigó considerablemente, así que he continuado hasta el día de hoy con este remedio, el cual me permite practicar deporte con las menores molestias posibles.

Al principio, no sabía casi ni que era una mancuerna y cuántas barbaridades hubiera hecho de no ser por mi coach Álvaro. Ahora, lejos de ser un experto, empiezo a conocer bastante a esta disciplina. Por eso, en este artículo me quiero dirigir a todas esas personas que dan el paso, porque yo también fui novato. Al comenzar todos hacemos ejercicios mal, incluso es probable que yo no los haga aún de forma óptima. Pero hay una figura potencial que destaca del resto en esto de las malas prácticas: joven, varón, de entre 16 y 25 años.

Es frecuente observarlos ejecutando ejercicios con movimientos más acordes de la gimnasia rítmica que los del gimnasio tradicional. Ejerciendo fuerza con cualquier músculo del cuerpo menos con el principal de esa rutina. Pesas que se le caen cerca de la cara y otras extremidades del cuerpo. Y barras que se quedan bastante cerca de descansar en su garganta. Todo incitado por levantar más peso del que pueden o realizarlo de forma muy ineficiente.

Puedo asegurar, que lo anterior sólo lleva a una lesión o perjuicio a corto/medio plazo. Lo más frecuente es que el perjudicado sea el hombro, especialmente el contrario al de la mano que usamos diariamente. También abundan las molestias en la espalda o la cadera. Y sin olvidar las roturas fibrilares. Si preguntas encontrarás testimonios que ratifican estos síntomas, por ejemplo, un buen amigo mío ha desistido de seguir en el gimnasio después de ser intervenido tres veces en el hombro y no desaparecer los dolores.

Por tanto, si eres una de esas personas con miras de iniciarte en el gimnasio, estas son las recomendaciones que considero oportunas tener en cuenta antes de estrenarse en el mundo de las pesas.

Primero: si no eres constante, el gimnasio no es para ti. Los resultados necesitan tiempo, unos cuerpos más que otros. Y no hay rutinas milagro que te ayuden a conseguir el cuerpo de Cristiano Ronaldo en quince días. Menos todavía si llevas años de sedentarismo.

Segundo: la técnica es lo más importante, ejecuta correctamente todas las repeticiones y concentra el esfuerzo en el músculo objetivo. Lo bien o mal que lo hagas las primeras veces te marcarán para el futuro.

Tercero: no te obsesiones con el peso. Con el paso de los días el cuerpo te irá pidiendo él solo que aumentes la carga.

Cuarto: si haces un ejercicio por primera vez o tienes alguna duda de cómo se hace pregunta al monitor/a sin ningún reparo, ellos son los que mejor te van a enseñar.

Y quinto: más del 70% del secreto está en la dieta. Por mucho ejercicio que hagas, si tu alimentación se basa en fritos, grasas y exceso de carbohidratos no conseguirás transformar tu cuerpo. 


No hay comentarios :

Publicar un comentario en la entrada