Mercado de Abastos de Pozoblanco. Una consulta envenenada (2ª parte)

JUAN ANDRÉS MOLINERO MERCHÁN
(Doctor por la Universidad de Salamanca)


La segunda propuesta del Equipo de Gobierno municipal representa claramente un viraje de mucha trascendencia. La idea de eliminar el Mercado actual y realizar una plaza es realmente una transformación urbanística de primer orden. Que no es moco de pavo. Resulta más complejo de lo que parece, tanto para un nuevo mercado (con una conformación diferente) como para el Parking y Plaza propiamente dicha. Aunque se dispone de un amplio solar, a bote pronto afloran cuestiones de conectividad que hay que resolver: áreas peatonales y relación con el entorno, accesos, salidas, tráfico o su eliminación, desarrollo de otros nudos urbanos próximos…. Aparte de emerger otros planteamientos de mayor envergadura, nada desatinados y de mayor calado: porque nadie ignora que el Mercado de Abastos está incardinado completamente con la Plaza del Cronista Sepúlveda y Calle Real; y todo ello puede transformarse en una operación urbanística gigantesca de gran calado. No hace falta reincidir mucho en las problemáticas urbanísticas que han generado estos nudos (Real y P. Cronista), que esencialmente responden a una concepción inadecuada (a nivel funcional) y trasnochada actualmente (con tráfico, eliminación de su potencial espacial para el paseo y peatonalización…). Se podría crear un emporio urbano central de mucha notoriedad, con proyectos mucho más amplios y acabados, plurales en funciones, dinámicos en términos económicos, con competencias socioculturales, etc. Pero bueno, e eso está fuera de las propuestas de los munícipes. 

Veamos la segunda opción. plazas, en definitiva son la resultante de un compendio complejo de factores históricos, políticos, económicos y culturales. No siempre es fácil –más bien difícil– hacer concitar intereses varios por mucho que lo diga un Ayuntamiento; por mucho que se cuente con solares (que luego pueden quedar vacíos); por mucho que se proyecte un ámbito plenamente social o cultural. El ser humano no responde siempre de manera sencilla, a pesar de los buenos propósitos (eso lo saben bien los que ponen terrazas y bares), a los intereses deseados. La ocupación de espacios urbanos de nueva creación en términos económicos o sociales es siempre una incógnita. Cuando se hace artificiosamente.


Hace falta plantear y focalizar cuestiones urbanísticas de enjundia, pues la centralidad de antaño de nada sirve en nuestros tiempos, cuando la ciudad despliega otros centros económicos en la periferia. Hacen falta dinamizaciones económicas, que en sí constituyen un auténtico problema, porque los puestos tradicionales no responden a las necesidades actuales del s. XXI. Hacen falta inercias socioculturales que muevan a diario, aunque el centro sea un punto factible de atracción. Una plaza pública requiere a veces del concierto y presencia de instalaciones económicas atractivas (cines, teatros, bingos…), espacios interesantes o carismáticos (en arquitectura, novedades estéticas, esculturas novedosas…), actuaciones de los agentes públicos y privados (restaurantes de empaque, tiendas…), instituciones y entidades de fuste socio sociocultural. El peso de la Historia es muy grande, siempre (para bien y para mal), y no es fácil de soslayar. Cuando no existe un bagaje importante de sedimento histórico se pierde bastante. A veces se remueven espacios a tenor de factores puntuales (una tortillería, un bingo, una sede social…) y dan resultado momentáneo, pero las concurrencias son una consecuencia devenida de ciertas factores incontrolables de forma previa. Las inercias hacia los ámbitos urbanos de nuevo cuño periférico son muy difíciles de contrarrestar. A nivel económico resulta imposible competir con las grandes superficies, teniendo que virar hacia un ámbito comercial distinto y diferente (otro tipo de comercio, tiendas de alto standing, etc.).


Claro que nos gustaría que hubiera una Plaza en Pozoblanco (tal vez la ocasión se perdió cuando se hizo el bloque de “La Marta”, que no hubo altura de miras; como en otras cosas que mejor no recordar), no solamente por razones románticas, sino por dinamizar el centro económicamente y crear una ciudad viva con agitación sociocultural; para crear un punto de confluencia amplio y solvente de toda la ciudad hacia los espectros de mayor renta de situación. Claro que nos gustaría, también, una espacialidad moderna y rompedora de principios estéticos innovadores, con valores arquitectónicos descollantes, solvencia espacial, agradable percepción psicológica, visual y pluralidad funcional. Soñar es de humanos. Sin embargo, nadie puede apostar por una iniciativa, tan buena en apariencia, sin sopesar (con buen criterio y estudios atinados) el despliegue de interacciones económicas, urbanísticas y socioculturales que se deben acometer para que resulte satisfactorio. Tampoco cabe desatender el enfoque de un mercado ex novo –muy creativo e innovador– que responda a expectativas actuales, contradiciendo mucho de lo existente (casi todo, salvo lo que está en sintonía con la moda…lo natural y ecológico, snob, grandes firmas, que a veces es antieconómico). 

Finalmente, resulta imprescindible atinar en factores que propicien la inercia social. Nada fácil. Las respuestas satisfactorias, después de haber hecho un gran proyecto, quedan muchas veces al albur de los dioses. Habrá que decir en ésto como a los toreros: ¡maestro, que dios reparta suerte! Para estas cosas –como debiera ser para otras muchas– la democracia siempre es una buena excusa. En este caso la propuesta es realmente envenenada, aunque cuente con la aquiescencia (a veces la ignorancia es muy atrevida, dice el refrán) del Respetable. 





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